Colaboración por S.M.G
Soy una estudiante de ciencias a la que también le gustan las letras. De vez en cuando me gusta escribir cosas para mí, aunque me encantaría que vieran la luz algún día.

No sé porque las personas tienen tanto miedo de sentir…

Ayer pasé por un día extrañamente normal. Mi llamita interior se está apagando. Utilizo el fuego como símil para escenificar las ganas que tengo de estar con alguien, y últimamente no paran de menguar. Por eso ahora hablo de una llamita.

No se apaga porque yo quiera, sino por la otra persona. Por mi amor de verano. De hecho me da pena que lo haga, pero, ¿qué voy a hacer? ¿Alentarla y avivarla mientras la otra persona pasa página? Menos mal que, al menos, tengo algo de orgullo.

Sigo queriendo que me hable, sigo emocionándome al oír su voz, pero cada vez noto más su indiferencia. Él me ha dicho que es su mecanismo de defensa para no necesitarme en la distancia, pero el proceso no parece costarle mucho.

No sé porque las personas tienen tanto miedo de sentir. Y parece mentira que lo diga yo, que siempre acabo sufriendo por ello, pero a la vez creo que es algo por lo que merece la pena sufrir, ¿no? Incluso ahora que acabo de pasar por ello.

Sigo siendo ingenua y estoy dispuesta a dejar fluir mis sentimientos con facilidad, cuando la otra persona realmente me gusta. Pero para los demás resulta más fácil poner una barrera. Y lo malo es que una parte de mí piensa que si logran ponerla es porque no soy lo suficientemente buena. Pero no. No se trata de ser buena o mala, simplemente de si la otra persona te quiere lo suficiente. Y no es algo que, a grandes rasgos, tú puedas controlar.

Me es muy difícil adaptarme a la forma de pensar de otras personas, especialmente de los hombres. Muchos pueden prescindir del amor fácilmente, no lo necesitan. Sexo, trabajo, amigos, familia… ¿Para qué nada más? Así son felices. Por eso, luchar por una relación, y más cuando es incipiente, les suena a chino.

¿Qué cocktail de hormonas y estructuras cerebrales les hace pensar así? Porque yo soy todo lo contrario. Nada me hace más feliz que mirar a los ojos del hombre al que quiero y saber que él me corresponde, que somos un equipo.

Me gustaría ser más parecida a ellos, porque para qué quiero yo sentir tanto. De nada sirve contra una pared.

Supongo que el final era inevitable, pero están esos constantes “¿Y si…?” “¿Y si está dispuesto a seguir, y si le gusto tanto como él a mí, estará dispuesto a viajar y a luchar por nosotros?”

En mi caso no ha sido así, pero de verdad espero que haya personas que se quieran lo suficiente como para hacer algo así.

Me da esperanza que algún día, pueda y podamos encontrar a esa persona.