Colaboración por Celia Ferman
Amante de los libros y las letras. De pensamiento y comportamiento ecléctico. Creando la versión acústica de mi vida. Blog

Un hijo o la falta de él no debe ser determinante en la manera en que se percibe a alguien.

De que la maternidad no es para todas, de eso no me cabe duda. Incluso yo, madre de una niña de 6 años, locamente enamorada de ella, decía que nunca iba a tener hijos, cambie de opinión; imagínense las mujeres con esa convicción y decisión de vida bien planteada.

Un hijo te cambia por completo la vida. Hay quienes cambiamos de opinión en el transcurso de ella y aceptamos y queremos esos cambios que vienen con ellos; y hay quienes se mantienen firmes en esa posición y no los desean; y definitivamente es de admirarse ambas opiniones. En esta cuestión no hay bueno o malo. No hay blancos o negros. Simplemente es lo que cada mujer decida lo que es mejor para sí.

Se tiene la costumbre de juzgar a esas mujeres que deciden no ser madres, que prefieren buscar el éxito profesional, personal, sentimental y dejan de lado esa etapa de su vida. Son mujeres que no se ven a sí mismas como madres, que no tienen la necesidad o ese instinto de querer tener hijos. Se llega a tildarlas de mujeres incompletas o egoístas. Y no lo son, sólo que sus metas en la vida son distintas.

Al igual que se puede juzgar a una mujer que la única prioridad en su vida es ser mamá, tener hijos y dedicarse por completo a ellos, su familia, su hogar. Se puede encasillar de mediocre, sin aspiraciones. Y no por ese hecho quiere decir que no las tenga, simplemente son diferentes.

Se debe tener mucho valor para tomar esa decisión del NO a la maternidad, al igual que se debe ser muy valiente para asumirla.

Si me llegasen a preguntar, yo diría que las admiro y respeto por igual. De las mujeres que hay en mi vida, tengo de las dos partes. La mujer exitosa en todo lo que hace, que no le hace falta un hijo para tener su vida completa y la mujer dedicada y devota a ellos, que vería su vida incompleta si no los tuviera. Y de esas dos mujeres, las dos son valiosas por igual.

Porque lo que hace a una mujer con una vida completa no son los hijos, ni la falta de ellos. Sino el coraje y el corazón con los que se enfrenta a la vida y las situaciones que se presentan en ella. Son los aprendizajes que se obtienen después de haber tenido un tropiezo y la manera de equilibrarse después de ellos. Son los momentos que se sacan sonrisas de tristeza y lágrimas de alegría. Es su ser como persona y su esencia.

No veo porque se tuviera que encasillar o juzgar a cualquiera de las dos, simplemente son mujeres con diferentes formas de ver y afrontar la vida y cada uno de ellos es válido y respetable. Un hijo o la falta de él no debe ser determinante en la manera en que se percibe a alguien. Porque ser mujer es ser mucho más que ser madre o no serlo.