Colaboración por Daniela Villalobos
Soy extrovertida con un poco de intovertida, me encanta leer y me apasiona escribir, es el medio que utilizo cuando la voz no puede expresar lo que siento y además amo comer.

Hoy decido ser feliz con mis propios logros y fracasos.

En esta sociedad desde pequeña se me ha enseñado cómo debo ser, bajo estándares sin sentido. Mucho tiempo viví agradando a otras personas y pensé que eso me haría feliz, ver a felicidad de otros. Llegó un punto donde estaba en un laberinto sin salida porque todos demandaban una gran parte de mí, algo que yo no les podía dar, porque los seres humanos por naturaleza tenemos un gran problema: somos insaciables.

Al pasar el tiempo poco a poco fui desvaneciendo hasta que llegué al punto de pensar: ¿qué estoy haciendo con mi vida? O más bien, ¿qué están haciendo ellos con mi vida? ¿Soy feliz?

Analicé esto por días y me di cuenta de que nadie tenía la culpa más que yo. Yo le había dado a las personas el poder de manejar, decidir y tomar el rumbo de mi vida. Comencé a ver todo desde una perspectiva más amplia y profunda, empecé a mirar dentro de mí y me di cuenta de que tenía una necesidad de ser aplaudida y que los demás se sintieran orgullosos de mí. Fue como chocar contra pared, porque yo misma me estaba diciendo verdades las cuales no sabía. Es cierto, tengo un deber como persona que es ayudar a otros pero no soy la encargada de hacer feliz a los demás, ni soy una fuerza super poderosa para lograr que todo el mundo se sienta satisfecho cuando me ve.

Me di cuenta de que a la única que debo hacer feliz y hacer sentir orgullo es a mí, por la que me tengo que levantar y luchar es por mí. Puede sonar un poco egoísta y tal vez algo egocéntrico, pero a veces, sólo a veces, es bueno tener un poco, es más yo lo llamaría amor propio.

Ahora las cosas son diferentes, no busco nada de nadie, hago lo que me gusta, trabajo duro para lograr mis metas y no las de los demás, sé a dónde voy, ya no importan si alguien me dice: ¡Ey! ¡Deberías hacer esto y no eso! Solamente respiro y digo: Gracias, lo tomaré en cuenta.

Claramente no es que no acepte consejo, jamás, en la multitud de consejos está la sabiduría, solamente que la gran diferencia es que no tomo un consejo como la última palabra, un deber o un compromiso, primero lo analizo, me pregunto si quiero eso para mi vida y después tomo la decisión.

Con eso no digo que todo sea perfecto, por supuesto que no, es más es aún más complicado, pero siempre he pensado que de los errores se aprende, es cuestión de levantarse y seguir caminando; he cometido errores por mis decisiones, asumo mi responsabilidad, no tengo que culpar a nadie por esos tropezones y eso significa que estoy madurando.

Algo que me quedó bastante claro, es que no tengo que cumplir los sueños de nadie ni debo dejar que otros cumplan sus sueños en mí, es mi vida, mis sueños, mis metas, lo que quiero ser y lo que me va a definir el resto de mi vida, prefiero ser recordada por alguien que luchó en lo que creía y tenía pocas personas a su alrededor y no por la que estaba conformada por decisiones de otras personas.

Hoy decido ser feliz con mis propios logros y fracasos.