Colaboración por Kesly Lameda
Amante del mundo de las letras; quien cree y defiende que no hay mejor manera de hacerse sentir. Blog

Todo se trata de proyección. Nosotros debemos ser nuestro primer mejor amigo, y darnos el valor que queremos recibir.

Recientemente, entre algunas conversaciones y otras, he tocado entre mis amigos la vital importancia del “quererse a uno mismo” para poder relacionarse con los demás. La forma en que nos vemos a nosotros mismos, afecta directamente a la manera en que nos ven. Pero entender eso es un camino largo de recorrer.

Todo se trata de proyección. Nosotros debemos ser nuestro primer mejor amigo, y darnos el valor que queremos recibir de parte del exterior. En muchas ocasiones, proyectamos el vacío o descontento que sentimos de nosotros mismos en otra persona. Sea alguna pareja o un amigo. Por ende se generan peleas que esconden otro tipo de problemas que realmente no atañen a la otra persona en cuestión.

La autoestima es un valor o percepción de nuestro ser que se forma desde que somos muy pequeños: nuestra etapa más vulnerable. ¿Por qué somos más maleables cuando estamos en nuestros primeros años de formación? Porque en esos momentos sólo aprendemos lo que los “adultos” nos enseñan. De forma que si nos tratan mal, se nos ignora o reniega de nuestra existencia, terminamos de aceptar estas situaciones como normales. Incluso si sufrimos, se termina por creer que el sentirnos miserable es algo merecido.

Crecer en familias disfuncionales, o ser renegado en el grupo de personas donde nos desarrollamos, va llevando a la desvalorización personal. Poco a poco mina el pequeño amor propio que podíamos tener.

Obviamente, todas esas circunstancias suelen atormentar, causan ansiedad, entre otras aflicciones que en el momento de nuestra edad media pueden impedir el buen relacionamiento con otras personas. Sobre todo porque comenzamos a anularnos tanto como personas que permitimos que abusadores emocionales puedan divertirse a nuestra costa. Nosotros mismos creamos la aversión que los demás perciben y terminan por imitar.

Uno de los casos más comunes, es el de las mujeres abusadas. Algunas terminan sufriendo mal de Estocolmo: realmente le toman cariño al maltrato y al maltratador. Aunque muchas personas, por no haber vivido o DADO CUENTA situaciones parecidas, puedan llamarlas tontas, existen razones de peso psicológico para que ellas sientan que NO PUEDEN salir de ahí.

Stephen Chbosky, escritor estadounidense, escribió en uno de sus libros “aceptamos el amor que creemos merecer”. Como interpretación de dicha frase, se puede acotar que tenemos que conocernos lo suficiente para determinar qué es lo que nos gusta, y porque eso sería lo mejor para nosotros; así como su antítesis, el huir de los lugares emocionalmente inhóspitos.

Desde una experiencia ya vivida, puedo decir con base, que todo comienza y termina en nosotros. Si nos esforzamos en cultivar nuestro espíritu, en tener siempre una mano disponible para ayudar, e invertimos el tiempo necesario en querernos y cuidarnos, podremos obtener de los demás lo que deseamos. Considerando además que el sentido de nuestra vida también debe ir dirigido a aportar, nunca a restar. Esos son los sentimientos que logran crear una versión más positiva de nosotros.

Luego de crecer y madurar, veo la vida de una manera distinta. Y más importante aún, amo la vida que vivo, porque es la única que tengo. Claro, no es algo que se logre de la noche a la mañana, pero es un aprendizaje constante; si todos los días tomamos así sea 2min de nuestro tiempo a ver cómo mejorar nuestro día, poco a poco iremos mejorando nuestra vida. De esta forma, no permitiremos que esa preocupación extenuante que nos acecha nos aparte del objetivo final que perseguimos: ser felices.