A veces buscamos tantos requisitos en un hombre que perdemos a los que muestran encanto natural.

No, no soy la típica mujer que espera ser tratada como princesa, que quiere vivir en un cuento y que espera al príncipe azul mientras los animalitos del bosque cantan. Yo no creo en los cuentos, yo soy quien decide, y si algo se aprende después de ciertas experiencias es que los príncipes azules no existen, y los que parecen serlo pasan de ser héroes a ser los villanos del cuento. Entonces, no quiero alguien que no sea capaz de tomar sus propias decisiones, alguien temeroso de los cambios o que se tumbe a llorar antes las adversidades. Aunque el drama a veces es bueno, nunca al punto de dominar a alguien.

Hombres de verdad, esos que tienen como arma su personalidad, los que saben pedir disculpas, aquellos que saben cuándo ser caballeros y cuando ser groseros, los que te llevan a mostrar cada lado tuyo, desde el más tierno hasta el más absurdo y sensual. Hombres que no se pasen el día en un gimnasio para luego ser solo «un modelito de foto», aquellos que sin importar la figura que tengan, cuán altos o bajos sean, caminen seguros de sí mismos, aquellos que conoces una vez y de los que quieres saber más.

Creo en el romanticismo, todos tenemos un lado cursi, pero no espero a quien me recite poemas o envíe canciones de amor todo el día; a veces las bromas, los apodos y las experiencias vergonzosas causan las mejores risas y llenan más en ti que cualquier detalle. ¿Para qué querer alguien que te conquistará un día, y al pasar el tiempo le dará igual la importancia de estar contigo? ¿Para qué alguien que luzca un gran amor, si no te hace sentir, si no te lleva a sentirte libre con él?

A veces buscamos tantos requisitos en un hombre que perdemos a los que muestran encanto natural, a los que son sólo imperfectos y ya. Los estereotipos no nos van a llevar a ningún lado, pero bien podemos cambiar eso, dejar de perder el tiempo con «alguien imaginario» y disfrutar en la bonita aventura que es conocer gente nueva.

Nada es mejor que ser tal cual, que querer tal cual alguien, sin fachadas, sin tapujos, sin máscaras. Yo quiero a alguien real, de tropiezos, de metas, de proyectos, de libertad, de aprendizaje. Y es que aunque parezca, o sea aún más difícil de encontrar que «el príncipe azul», tengo la seguridad, o al menos muchas esperanzas de que existe. Sólo dejemos de ser la princesas que buscan a su príncipe.

Comencemos a ser las mujeres reales, imperfectas y a veces algo caóticas que somos. Al fin y al cabo, es mejor que se enamoren de tu esencia, eso lo llevarás para siempre, el camino es sólo ser tal cual y buscar así quien lo sea, quien te descubra y quien tú descubras, quien te conecte a sentimientos y sensaciones nuevas, con quien compartir sea una bonita experiencia y te sientas plena. ¿Así que príncipes? No los necesitas. ¿Hombres reales? Eso sí.