Colaboración por Belissa Fux
Mujer Alfa, lectora compulsiva, fan de Jane Austen y escritora independiente las 24 horas. Sufro de incapacidad para NO decir lo que pienso. Las crónicas de Belissa

No quiero un amor a medias o compartido. Si por fin voy a dejar entrar al amor arriesgándome a sufrir, que por lo menos valga la pena 

Cuando era pequeña me enseñaron a colorear sin salirme de los bordes. De “grande” perdí un poco el control con los lápices, hice rayas por doquier, pero empecemos desde el principio.

A veces me despertaba bañada en sudor, otras me invadía la angustia y lloraba sin importar momento o lugar, no había motivos evidentes a primera vista, sino que las emociones brotaban de mí sin pedir permiso o siquiera dar aviso.

No me gustaba mostrar mis debilidades frente a los demás, por lo que empecé a desarrollar internamente mecanismos de defensa donde reprimía todo sentimiento. Crecí sin querer abrazar, sin dar un beso de buenos días o buenas noches, sin caricias en mi rostro o un “te quiero” al azar, crecí convenciéndome de que para evitar cierto sufrimiento lo que necesitaba era dejar de sentir.

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@cuchurrumibaby

Me convertí en una persona soberbia, malhumorada, sin filtro, sumamente realista y desinteresada por el amor; y cuando uno no tiene amor para dar, entonces, ¿qué más da? Acepté mi condición con total naturalidad, sabía que cualquier relación “amorosa” que estableciera tenía fecha de vencimiento porque pensaba que si me entregaba estaría demostrando signos de debilidad y eso me convertía en alguien vulnerable para que pudieran lastimarme otra vez; no podía prometer nada, no necesitaba ataduras, me convencí de mi libertad y la ejercía con libre albedrío. 

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@cibelandia

Entonces lo conocí a él; alto, delgado, despreocupado, y con novia. Era perfecto, una relación exclusivamente clandestina que ningún riesgo implicaba porque él no iba a dejar a su pareja y yo no quería que lo hiciera. Nos hicimos mejores amigos, nos escuchábamos, nos entendíamos, podía hablar con él de lo que quisiera porque no tenía prejuicios, y siempre estaba cuando yo lo necesitaba. Me escuchó llorar dos veces, que son muchas más veces que las que me ha escuchado llorar mi mejor amiga, y me sostuvo a su manera durante un poco más que un año.

Se hizo presente en un momento en el que no me alcanzaban las manos para juntar todos mis pedazos rotos, y me ayudó, de esa manera tan desinteresada en la que él hace las cosas. Hasta que algo me hizo ruido, no podía quererlo, y lo dejé. Era emprendedor, abocado a su trabajo, y un sarcástico sin remedio como yo, aunque siempre le resalté que su comodidad o miedo por salirse de su esquema no lo iba a ser feliz y yo realmente quería que lo fuera.

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@cibelandia

En el momento en que decidí terminar las cosas, fue porque ya no lo necesitaba en mi vida, lo usé para completar un vacío que ni él ni nadie podía llenar porque esas heridas emocionales con las vivía, las tenía que resolver sola. Me buscó, me insistió en volver y casi me convence; pero entonces dijo que me amaba y lo primero que hice fui salir corriendo. No quería que me amara, no se podía, establecimos nuestro vínculo a base de mentiras y engaños porque él tenía un compromiso “serio” con otra persona y quizás por eso fue que jamás pude enamorarme de él, podía ser muy buena persona pero su manera de amar era una mierda y no me servía. 

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@cibelandia

No sé si lo lastimé con mi decisión, él era muy cerrado en cuanto a sentimientos y sé que cuando me expresó lo que sentía lo hizo de la manera más sincera en la que alguien le puede decir “te amo” a otra persona, hasta lo tartamudeó de los nervios que tenía. Aún lo recuerdo con mucho cariño, porque con él aprendí todas las cosas que NO quería hacer cuando me enamorara de verdad. Aprendí que no quería comprometerme con alguien para mentirle y hacerle perder el tiempo, aprendí que no quería quedarme en una relación por comodidad o porque ” ya conoce a mi familia y tenemos amigos en común”, aprendí que no quería conformarme con una persona porque “es muy independiente”, aprendí que no quería tirar 8 años de mi vida porque “siempre está”, y aprendí que no quería estar con alguien si no podía entregar mi corazón en un 100% porque no existen los amores a medias o compartidos. Aprendí que tenía que soltar para recibir, y que cuando te entregas con todo lo que eres no necesitas refugiarte en otro lado; te quedas en casa con la persona que amas mirando películas repetidas, abrazados y jugando al Scrabble. Hoy le agradezco, porque con él recordé que si quiero mantener mi vida llena de colores, no necesito salirme de los bordes.