“Viajar cambia, cambia nuestra manera de ver el mundo, nuestra manera de pensar, hace que crezcamos como personas y cada vez que lo hacemos, aprendemos algo nuevo”.

Siempre he pensado que hay algo ahí afuera que le va a cambiar la vida a cada persona, algo que va a hacer que cada uno de nosotros vea la vida y el mundo con otros ojos y de una forma completamente diferente, y si tenemos mucha suerte, algo que nos va a hacer entender el sentido de la vida.

Puedo decir que tuve la suerte de que ese algo llegó hace unos años a mi vida y le diera a esta un giro enorme: viajar, eso que muchos hacen y pocos entienden.

Si bien es cierto y no he viajado por todo el mundo ni en cantidades exageradas (aún), puedo decir que las veces que lo he hecho las he disfrutado desde lo más profundo de mi corazón y así va a seguir siendo cada vez que viaje otra vez, como si fuera la primera vez que lo voy a hacer.

Son infinitas las cosas que convierten el viajar en una experiencia única, alistar la maleta, los días antes de irse de viaje, en los cuales no se puede controlar la emoción, llegar al aeropuerto, ir en el avión, independientemente de las horas que hay que pasar en el vuelo, llegar al destino…

Si pudiera desear algo, sería que la vida me diera la oportunidad de conocer cada rincón del planeta, ya que, en pocas palabras, no tendría problema alguno en pasar los años que me quedan viajando. Y es que todos los gastos, los sacrificios, cambios de horario, no dormir bien y hasta las malas experiencias lo valen todo, porque nada se compara con lo que se llega a sentir a la hora de viajar y mucho menos se compara con la experiencia de conocer y aprender cosas nuevas, aprender de otras culturas y simplemente conocer a personas de todas partes del mundo.

Viajar cambia, cambia nuestra manera de ver el mundo, nuestra manera de pensar, hace que crezcamos como personas y cada vez que lo hacemos, aprendemos algo nuevo.