Colaboración por Joel Yañez
Estudiante, lector y escritor por pasión. Tengo la firme convicción de que en el silencio y el vacío de pensamientos es cuando uno puede encontrarse consigo mismo y hacer algo para lo que verdaderamente existe.

Anoche la soñé, y era así.

Siempre imaginé muchas cosas acerca de la persona ideal para mi vida. Anoche la soñé. Soñé que eras tan sencilla que las pequeñas cosas de la vida, como mirar un bello paisaje juntos te hacían sentir que plena en tu interior. Soñé que despertando a mi lado tu sonrisa me iluminó el corazón y dibujó otra sonrisa en mí.

Soñé que tu fortaleza se contagiaba donde tus pies pisaban porque supiste cómo levantarte de cada situación difícil que te tocó afrontar.

Soñé que fuiste tenaz y persistente, y no escuchaste todas las opiniones y juicios de los demás, para alcanzar lo que te propusiste en la vida.

Soñé que el almíbar de tus besos me transportaba a un mundo de sensaciones único; a un lugar donde toda la dulzura del mundo tomaba el color de tus labios y el sabor de tu boca.

Soñé con tu pasión que ardía en mí todo mi ser, ese fuego que me inspiraba a conquistarte cada segundo.

Soñé con la poesía de vivir a tu lado eternamente mientras el tiempo se detenía en aquel paisaje de mi mente, donde se conjugan los sentimientos más bonitos que cualquier poeta pueda escribir.

Soñé que cuando el destino cruzó nuestras miradas, el tiempo se detuvo ahí en ese preciso instante, la gente desapareció en derredor y nuestro cielo cambió de color para siempre.

Y si bien aún no sé quién eres… anoche renació la esperanza de un mundo mejor porque soñé que tú estabas ahí.