Colaboración por Marta Dávila
"Fría como el viento, peligrosa como el mar". Amo a Luis Miguel.

Las asesoras del hogar siempre sabemos todo.

Me llamo Marta y necesitaba contar esta historia, de cómo me transformé de cómplice a infiel por un enorme enredo en el que me metí. Yo era la asesora del hogar de una familia de barrio alto, donde todos son pálidos, rubios y los alimentos con más grasas son las zanahorias. No me quejo, se vivía bien, trabajaba para una pareja recién casada de un militar de alto grado, el cual desde el primer momento me pareció muy atractivo. Fuerte, grande y serio, con unos pectorales que podrían derretir a cualquiera. Su esposa era la típica mujer rubia, delgada y atractiva que siempre salía a las 10 de la mañana hasta el mediodía porque tenía “cosas que hacer”.

Ella no trabajaba, se la pasaba de gimnasio en gimnasio, trotando y comiendo cosas que no tuvieran más de diez calorías. Pero empecé a sospechar porque siempre salía a la misma hora con una excusa diferente. “Voy a pagar las cuentas”, “voy a comprar al supermercado” y así.

Pero un día, mientras lavaba la ropa, la escuché hablando por teléfono.

– Te extraño tanto mi amor, ya quiero verte.

Al principio no le encontré nada de raro, pues pensé que hablaba con su esposo, pero lo siguiente me dejó desconcertada.

– Sí, vamos al motel ahora mismo. Al de siempre. ¡Que no! No podemos hacerlo en mi casa, porque está la asesora y nos delatará. Te amo.

Me iba a retirar silenciosamente cuando se dio cuenta de que había escuchado absolutamente todo. Se puso pálida y muy seria, yo le rogué que no me despidiera y que no contaría nada, pero en vez de eso, sonrió y se sentó.

– Mejor que eso, ya que sabes lo que pasa, podrías ser mi cómplice y recibir mucho dinero de mi parte.

No sabía en qué me estaba metiendo, pero acepté, no me quedaba de otra.

Me contó que ella siempre había amado a su amor de la escuela, un tal Jaime, pero que él era pobre y que no tenía el dinero para sus “lujos” y por eso se había casado con el militar. “El trato” es que yo la cubriera mientras ella tenía relaciones en su casa y que yo grabara todo, ¿Por qué? Al parecer eso los excitaba más. 

Por lo que llegó el día señalado y el tal Jaime no tenía nada de guapo comparado con el militar. Estaban en la cama y empecé a grabar. Lo hicieron como locos, como si no hubiera mañana, me empecé a excitar pero no podía hacer mucho, yo sólo era una cómplice.

Aún así y con todo el dinero que me había prometido, me sentía culpable por el militar. Sentía celos de esa mujer que lo podía engañar con Jaime, sentía celos de su vida y todo me llevó a una drástica decisión.

Me hicieron grabarla en todas partes de la casa, pero nunca llegó más dinero que el que ya recibía. Le dije esto y ella respondía “mañana, mañana”. Pasaron dos meses y la llegué a amenazar con que le diría todo al general, pero ella se rió.

Pero al final la que ríe última ríe mejor.

El general me había pedido que grabara su programa favorito en la televisión que veía todos los jueves con su “amada” esposa, pero lo cambié y puse uno de los vídeos donde salía ella con Jaime haciéndolo en la piscina. A las siete sonó a todo volumen los gritos de la mujer pidiendo que la azotaran con el cinturón de su esposo en la televisión y se escuchó una enorme pelea entre ellos dos.

Poco minutos después ella, indignada, tomó sus cosas y no volvió. El militar estaba destruido, me apenaba, pero yo sabía de alguien que lo podía animar: yo.

Me desnudé y fui a verlo. Él me vio de arriba a abajo y lo hicimos ahí mismo, con el vídeo de su esposa siéndole infiel aún pasando en la televisión. Lo hicimos en las mismas partes donde lo habían engañado y juro que fue el mejor momento de mi vida. Esos dos meses aguantándome valieron totalmente la pena.

¿Qué sucedió al final con nosotros? Pues la mujer firmó los papeles de divorcio y se fue a vivir con Jaime, pero no lo llevan muy bien, al parecer lo excitante era ser el amante, no el esposo. El militar se encontró una nueva mujer y yo sigo trabajando como su asesora del hogar.

Aunque ahora entiendo a la mujer, pues no hay nada mejor que ser la amante del hombre que amas y seguir siendo libre de acostarte con quien quieras sin un compromiso de por medio.