“Entre más me dijeron que no podía, más veces decidí hacer todo lo posible por alcanzar mis metas”.

Sé bien qué te han dicho que el mundo es peligroso, que es mejor que viajes con tu novio, un amigo o un primo, que no viajes con tus amigas porque sino, estarán “viajando solas” aún cuando están más que bien acompañadas juntas. Sé también que has aplazado ese viaje que siempre has soñado por ese mismo miedo…

Pero ahora, piensa bien: ¿quién te ha dado esas recomendaciones?

Desde muy niña me dijeron que el mundo “allá afuera” era muy, muy peligroso. Me iban a buscar y a dejar a la escuela. Me prohibían terminantemente tomar taxi. Ni hablar de andar sola de noche. Y lo entiendo: mis padres lo hacían porque me quieren. También por desconocimiento.

Y así crecí, llena de restricciones. Y así crecí, rebelde como una cabra. Curiosa por saber qué había más allá de mis fronteras inmediatas. Y siempre quise ir más allá.

Entre más me dijeron que no podía, más veces decidí hacer todo lo posible por alcanzar mis metas.

Muchos años después —ni se molesten en preguntar cuántos— me siento a pensar en todo lo que he hecho desde entonces y todos los países que he visitado, absolutamente sola. Y me encanta. He estado en pleno ramadán en Egipto. Me he perdido por las calles de Atenas. He vagado sin rumbo por Shanghai. He hecho nuevos amigos en Sao Paulo. Y me ha pasado de todo, bueno y malo, pero más de lo primero. ¡Mucho más!

Así que, considerando esto, creo que tengo un poquito de experiencia como para contarte cómo es el mundo: y no, no es tan peligroso como me contaron. Descubrí que hay más personas dispuestas a ayudarte que a hacerte daño y que la decisión más difícil es dar el primer paso. Aprendí a valerme por mi misma y a dejar de lado los miedos infundados a temprana edad. Me volví más segura y desarrollé un sexto sentido que ignoraba que tenía.

Ahora te toca a ti.