Colaboración por Cinthya López
¿Mi destino? Encender mi alma y no traicionarme en silencio. #Vivir, pensar, sentir y hablar con letras.

Tu desamor me hizo la fuerte mujer que soy ahora.

Nunca me imaginé que me dejaras de la manera en que sucedió, quizás no me querías hacer daño, pero eso no cambia nada, lo hiciste. Esperaba que estuvieras para mí como cuando yo estuve para ti el día que lo necesitaste; cruzar cielo, mar y tierra para mí era poco, solo importaba estar a tu lado. Muchas veces me mire al espejo y quería encontrar la respuesta de tu huida tan cobarde, sin un adiós, ni pista de alguna explicación; quería saber qué estaba mal conmigo, qué fue lo que te hice o simplemente en que me equivoqué.

Llegué a devaluarme, a dudar de lo que era y lo que valía, creyendo que quizás encontraste algo mejor y que jamás me lo hubieras hecho saber. No sé qué se te atravesó, o quien se te cruzó por el camino, como haya sido, jamás diste señal de que algo iba mal entre nosotros.

Fue duro seguir, me dejaste cuando te necesitaba, no era un buen momento, lo sabías bien; tal vez no fuiste el golpe que me derrumbó pero te aseguro que si fuiste uno de los que más dolió. Alguna vez pensé en intentar recuperarte, cuando ahora me doy cuenta, la realidad es que todo intento hubiera terminado en fracaso, fue tu decisión y quiere decir que estabas seguro de ello, no quiero obligarte a estar a mi lado, aunque me duela.

Jamás tuvimos garantía de que esto duraría, pero me elevaste más rápido que de lo que me dejaste caer, sin nada que me sostuviera, haciéndome apostar inconscientemente todo lo que tenía por cada una de tus palabras y cariños.

Pasó mucho tiempo para darme cuenta, abrir los ojos y poder ver bien que tú no eras mi único motivo por el cual levantarme con una sonrisa, que no eras el único que pararías el tiempo y a la vez hacer que transcurriera tan rápido, nunca fuiste el único pilar que me mantenía de pie.

Hoy felizmente agradezco, después de tu partida, me doy cuenta de que tuve la capacidad de enamorarme y amar como tú nunca lo harás, lograr sacar fuerzas de algún lugar desconocido dentro de mí para sostener la mano de alguien que lo necesita y dibujar una sonrisa cuando yo misma desconocía como esbozar la mía.

Gracias por no tener piedad, ni ablandarte el corazón para ocasionarme ese mal, porque… te perdí, pero me gané.