Colaboración por Don Gato
Odia todo y a todos. Vive para exigirle mimos a su dueño y para ver películas o series. Hace críticas y se cree mejor que cualquiera.

Hará reír hasta al más escéptico (como yo).

Cuando escuchamos que Judd Apatow hará otro trabajo más para la televisión o el cine, estamos seguros que nos sacará alguna carcajada como lo hizo con “Virgen a los 40” o “Ligeramente embarazada”. Y si hay algo en el mundo que nos sirve para distraernos y hacernos sentir bien son las comedias como esas: románticas.

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Por eso es que “The Big Sick” me llamó completamente la atención y había que darle una mirada (Apatow la produce). Y es necesario decir que es una de las películas de su género más distintas que EE.UU. haya producido hasta el momento.

Primero por la temática que toca. Claro que es una historia de amor como todas las demás, pero ocurre algo importante que quiebra para siempre esa comodidad de coqueteo y relaciones que vemos tanto en la pantalla grande.

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La protagonista, Emily (Zoe Kazan) se enamora locamente de Kumail (Kumail Nanjiani), un chico que hace stand-up y maneja como Uber. Su relación incómoda, rara y buena (como todas las comedias románticas) se rompe cuando ella descubre que debido a su pasado pakistaní, su madre le ha arreglado miles de citas con chicas de su país para que se case. Su destino no está con Kumail y se va. 

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Emily luego debe ser inducida en coma por una enfermedad grave y Kumail vuelve a aparecer en su vida para ayudarla. He ahí lo que nos comienza a llamar la atención de esta película y el giro más importante. Porque además de que nos hará reír, también (casi) nos hará llorar.

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Te muestra una de las historias más triste de todas, con el toque de comedia perfecto. Esa es una de las cualidades más relevantes del filme, encontrar en este terrible padecimiento, momentos para morir de risa aunque sabes que no deberías (porque te sentirás culpable 5 segundos después y te irás al infierno).

Destaca también su forma de tratar la temática de la discriminación hacia los musulmanes. Quienes, durante toda la cinta, se burlan de ellos mismos y nos hacen disfrutar más que con cualquier otra escena. Como cuando Kumail se sienta a comer con su hermano y empiezan a discutir. Para que la mesa de al lado deje de mirarlos como sospechosos, él dice: Tranquilos, odiamos el terrorismo. O incluso mostrando las tradiciones más importantes de su religión, podemos reírnos. Como que Kumail sea el único que no tenga barba o que en vez de rezar hacia La Meca en el sótano ponga videojuegos en su celular.

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Pero el hecho más importante de todos es que es una comedia romántica real. Su protagonista es común y corriente, hace chistes pésimos, tiene un departamento destruido, no tiene dinero y tiene que hacer de conductor de Uber. Además de que está lejos de ser el príncipe encantador o apuesto que todas las películas como esta tienen (en serio, nunca se te va a aparecer un Hugh Grant en la vida real).

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Ese aspecto en particular, hace que salgas de la sala del cine amando a Kumail (sí, incluso yo amé a Kumail) por su carisma, su devoción por Emily y sus reacciones acertadas a las complicadas situaciones que le presenta la vida frente a las que todos nosotros hemos estado.

Sin embargo, podrían haberle dado el papel a una actriz distinta de Zoe Kazan, ya que sabemos a la perfección que ella puede hacer bastante bien el papel de novia incómoda, inquieta, y rara como lo ha hecho en tantas películas. De hecho, en casi todas sus películas (era hora de darle la oportunidad a otra persona ¿no?).

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Pero a pesar de ello, y de que sabes exactamente cómo va a terminar esta cinta, te logra entretener y mantenerte atento durante las casi dos horas de duración (y que por cierto ni siquiera notas).