Te sentirás increíblemente identificada.

No soy madre, pero tengo en mí la perfecta esencia de varias. A ellas les debo mis mejores virtudes.

Mi madre, mis hermanas y amigas. Ellas están entre nosotros para hacer de este mundo un lugar mejor. 

Con cada una aprendí lo que es el verdadero amor. Aprendí lo que es mirar con el alma.

Aprendí que cuando te sientes destruida sólo basta con abrazar a esa pequeña personita que salió de tu vientre para transformarte en una leona indestructible. Literalmente. 

Aprendí lo que es la paciencia; no hay persona que llegue a ese nivel de tolerancia. Un sólo beso de tu pequeñito y reinará la paz.

Aprendí que el cansancio no es pasar 12 horas en la oficina, el cansancio es pasar semanas con tu bebé enfermito.

Aprendí que Google no es un simple buscador, Dr. Google resulta ser tu aliado para consultas médicas y remedios caseros.

Aprendí que el dolor no es terminar una relación de años, el dolor es ver a tu hijo sufrir y no poder hacer nada para evitarlo.

Aprendí que compartir no se trata de dar un poco de lo tuyo, compartir es dar hasta lo que no tienes para hacer feliz a esa personita. 

Aprendí que la libertad no es ser soltera y viajar por el mundo, libertad es dejar a tu hijo con los abuelos, darte un baño, secarte el pelo y tomar un té. Todo eso sin interrupciones es la verdadera libertad.

Aprendí que la paz no es el silencio, ni la naturaleza, ni escuchar música en soledad, la paz es escuchar ruido cuando tu hijo juega en su habitación. El silencio siempre genera pánico.

Aprendí que ser responsable no es cumplir horarios y tener tu trabajo impecable, ser responsable es educar a tus hijos con el corazón y con el alma. 

Aprendí que lo importante no es lo que yo creí que era importante. Importante es rodearte de buenas mujeres, madres, maestras y guerreras de la vida. Nos dieron la vida y con ella los mejores valores.

Si conoces a una mujer así es tu momento de abrazarla y agradecerle por hacer de este mundo un lugar mejor.