Colaboración por María Belén Suárez
María Belén Suárez. Córdoba, Argentina. Estudiante de Prof. y Lic. en Español, Lengua Materna y Lengua Extranjera.

No pedimos ser más que los hombres, pedimos igualdad. No se equivoquen, sólo pedimos que dejen de matarnos.

Me repugna el machismo, me repugna hasta el hartazgo. Y alzar la voz por #NiUnaMenos parece ser un pase directo a ser feminista o, peor, “feminazi”. Porque tal es la desigualdad, que alzar la voz para que nos dejen de matar, es ser feminista. Que no te guste el machismo, significa ser feminista o “feminazi”, no hay otra. Acaso, que no me guste el color negro ¿significa directamente que estoy a gusto solamente con el color blanco? ¡No! Claro que no. Existe un gris, para todo existe un gris. Y muchos otros colores más, por supuesto.

No soy machista, ni feminista, “ni feminazi”. Simplemente soy coherente, racional, y sé que nos están matando, veo que nos están matando. Veo cada día en el noticiero cómo nos matan. Veo cómo cada vez somos menos, a causa de un hombre que decidió que tenía que terminar con nuestra vida para que nos dejemos de joder. Porque al parecer la solución es matarnos. Es más fácil que dejemos de existir de un día para el otro, que lograr la igualdad de géneros.

No pido tonterías. No pido que me den el asiento en el colectivo porque soy mujer y no puedo ir parada. Porque sí, me banco ir parada y más, porque puedo.

No pido que a partir de hoy sean los hombres los que planchen, laven, cocinen, y hagan todo quehacer de la casa. Pido que el trabajo sea equitativo. Porque ya no estamos en una época –por suerte- en la que el hombre sale a trabajar y nosotras nos quedamos en la casa. Estamos en una época donde las mujeres también trabajamos. Entonces ¿por qué no dividir tareas? Ambos trabajamos, ambos podemos estar cansados, por lo tanto ambos podemos planchar una camisa o elegir no hacerlo.

No pido que a partir de ahora el papá siempre cambie los pañales del bebé, lo lleve a pasear, lo controle y cuide mientras yo salgo de fiesta. Pido poder comer tranquila, salir tranquila, ir al baño en paz, sabiendo que mi hijo tiene un papá que lo puede cuidar del mismo modo que yo, cuando yo no pueda.

No pido abusar de mi propia libertad hasta transgredir cualquier límite. Pido dejar de ser la puta por disfrutar de mi sexo libremente, cuando el hombre puede disfrutarlo de mil maneras, con quienes quiera, sin ser calificado despectivamente. Hasta el punto en el que se lo considera “ganador” entre su grupo de amigos.

No pido salir desnuda a la calle y que nadie me mire por eso. Pido poder salir vestida como yo quiera -sí, con ropa, no desnuda- con ropa que me sienta bien, con la que me guste, sin tener que escuchar por diez cuadras seguidas, cosas sobre mi cuerpo que no quiero escuchar. Pido salir sin tener que recibir comentarios que no pedí respecto a mi cuerpo.

No pido ser intocable, que nadie me mire, que nadie me hable. Pido que me toquen, me miren, y me hablen hasta donde yo lo diga. Pido que mi “no” sea escuchado, poder decir “hasta ahí llego” sin que nadie sobre pase ese límite sin querer escuchar y atender a lo que acabo de decir

No pido que todas las mujeres formemos un grupo apartado de la sociedad donde seamos nosotras y nadie más, donde logremos enterrar a los hombres y nosotras lleguemos a la cima del éxito, sé que eso no es posible ni coherente. Pido que, mínimo, comencemos por respetarnos entre nosotras mismas, las mujeres. Que ser mujer no me permita, sólo por serlo, catalogar de manera despectiva al resto de mujeres y hombres porque quiero y puedo.

Sé que no debería haber ni una menos, ni uno menos, ni nadie menos. Sé que no se le pega a la mujer, como tampoco se le pega a un hombre, ni a un niño. Sé que la violencia no es el medio. Sé que matar a una persona no debería ser opción. Sea del género que sea, tenga la edad que tenga. Sé que una mujer también puede matar a un hombre y de hecho hubo casos. Sin embargo, también soy consciente de lo que está pasando en este último tiempo. Soy consciente de quiénes son las que nos estamos yendo por mayoría. Soy consciente de que, entre todas las personas que se matan por día, la mayoría somos mujeres. La mayoría terminamos en una bolsa de consorcio al lado del río, o prendidas fuego en nuestras propias casas. Sé que si “jodemos mucho”, probablemente terminemos muertas.

Y, sabiendo todo eso, no pido pavadas. No pido que las mujeres triunfemos por sobre los hombres y lleguemos a un lugar en el que tengamos más privilegio que ellos. No pido, como mujer, aplastarlos, eliminarlos, coartarles la existencia ni prenderles fuego.

No pido ser más, pido igualdad. No se equivoquen, sólo pido que dejen de matarnos.