Colaboración por Alexandra López
Todo lo que no me atreveré jamás a decir a la gente quedará guardado en cada uno de mis escritos.

Porque tú no me has querido.

Tal vez pedí demasiado, tal vez no. Sin embargo, sé que di lo mejor de mí en todo momento; sé que me esforcé hasta agotar mis fuerzas; sé que hice mucho más que tú.

Reconozco que al principio creía morir y no ser capaz de volverme a levantar, que echaba de menos verte sonreír a mi lado y que buscaras mi mano mientras conducías sin tan siquiera saber dónde íbamos. Eché de menos tu olor, que impregnado en mis sábanas me recordaba lo bonito que era dormirme en tu pecho mientras tú imaginabas que mi espalda era la batería que tocarías en el concierto de esa noche. Te eché de menos a ti…

Deposité toda mi confianza en ti y a cambio no recibí nada. Te escondías tras tu excusa de corazón desparejado, herido y melancólico sin dejar que nadie fuera más allá, que nadie rozara tu alma. Jamás me dejaste rozar tu alma, ni siquiera cuando yo te regalé la mía… Recuerdo cuando intentaba acercarme a ti. Recuerdo como me alejabas. Recuerdo cómo me llamabas sólo cuando te interesaba.

Y, ¿sabes qué? entonces me di cuenta. No era yo el problema. No soy yo, eres tú, y esto no funciona. Te di todas las claves para amarme, todos los secretos de mi piel. Te regalé mil momentos. Y aunque esto nunca funcionó, no me arrepiento de haber estado ahí para ti. Tal vez no me creas cuando te digo que detrás de tan poco vivido hay mucho aprendido. Contigo aprendí como me gusta ser frente a una persona a la que quiero. Contigo aprendí lo divertido que es fugarse a cometer locuras y dejarse llevar por las pasiones de la piel. Contigo aprendí a seguir siendo yo a pesar de ti. Así que no te preocupes, no te guardo rencor por haberme utilizado, si no quieres no me quieras, ya me querré yo.