Por Maximiliano Díaz
9 marzo, 2019

Para cualquiera que alguna vez haya visitado gatitos en un refugio, probablemente sienta una debilidad muy especial por los más pequeños. Hay algunos gatos que, extrañamente, jamás llegan a ser más grandes que sus propios hijos, y a los que se les hace muy difícil competir en condiciones justas en la vida diaria. Según muchos funcionarios de refugios para animales, los gatos pequeños son los primeros en ser adoptados. Sus cuerpos hacen que nosotros solo pensemos en protegerlos, y darles una mejor vida.

 

En un principio, el pequeño Roo fue descrita como uno de estas gatas, la adorable felina llegó a un refugio en abril del 2016. Lejos de sus hermanos y su madre, rápidamente se fue quedando atrás, y convirtiéndose en el animal más pequeño de todo el lugar.

Y, cuando Marnie Russ, una empleada del refugio, vio a Roo, la pequeña inmediatamente le robó el corazón.

 

Pero al mirar más de cerca, Marnie se dio cuenta de que le faltaba algo. En sus palabras:

“La consideraban más pequeña que a sus hermanos, y el personal del refugio se dio cuenta de que caminaba muy raro”.

 

El personal del lugar decidió hacerle a Roo una radiografía, y ahí descubrieron algo increíble: el gatito había nacido con una deformación en sus patas delanteras llamada “hipoplasia radial”: una condición que limitaba seriamente sus patas delanteras.

En el caso de Roo, las articulaciones de sus codos estaban completamente ausentes. Lo que la hacía ver más como un conejo, o un canguro.

 

En un principio, Marnie fue solo un hogar temporal para Roo, pero la pequeña gatita le robó su corazón en un abrir y cerrar de ojos, y fue entonces que Marnie decidió que ambas debían estar juntas.

Ahora, con la ayuda de Marnie, Roo ha tenido un gran progreso. En palabras de la mujer:

“Aprendió a usar sus patas delanteras como un gatito normal lo haría. Así que, si no conoces su historia, es probable que ni siquiera se te ocurra que había algo malo con ella, excepto que da pasos más cortos que el resto”.

 

Ahora, ambas son muy felices, y pasan excelentes momentos juntas.

Probablemente, de no ser por Marnie, Roo no habría tenido la vida que ha llegado a disfrutar. Estos es un recordatorio para que nunca olvidemos todo el amor que los animales tienen para dar, sea cual sea su condición física.

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