Colaboración por María Ximena Claro
Daltónica por naturaleza, sensible y poco emotiva pero con un corazón espontáneo. Tengo mis propios monólogos frente al espejo y no me suelo mentir. Amo los días grises y le tengo fobia al calor. Sonrío como terapia y disfruto ver reír a los demás.

Es mi deber moral agradecer el que me haya lanzado al agua y no me haya dejado ahogar. Aunque generalmente soy fuerte, confié en que no me dejaría caer

Después de un año de mi primera crisis, medicamentos, diagnósticos errados e intentos fallidos en la búsqueda de psiquiatras, estoy frente a frente con mi realidad, tratando de escribirla y haciendo una breve reseña de lo que he sido hasta hoy.

Después de transcurridos 365 días llenos de temores, inseguridades y un sinfín de sentimientos acumulados que potencian y agudizan mis pensamientos pusilánimes y desviados, los cuales me desmoralizan y me hacen perder la razón (si es que razono) quiero escribirle una carta a mi psiquiatra, quien me está ayudando a construir, hoy por hoy, una vida llena de posibilidades o como bien, mejor diría, una vida con múltiples explicaciones alternativas.

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@lilasnini

Ahora bien, quizás vaya a parecer extraño, pero necesito hacerlo, para mí es importante hacer una carta donde usted, joven psiquiatra, pueda entender un poco lo que siento y vivo fuera y dentro de su consultorio, pero la voy a hacer con la elocuencia y la tranquilidad de no sentirme en un cuartel de fusilamiento con cada pregunta que me hace a quema ropa. Preguntas a las cuales a veces no tengo respuesta, y en otras, en ocasiones, prefiero aplicar la retórica, particularmente cuando sus interrogantes son sugestivos o referentes a mi abuela.

Señora o señorita (hecho que no me consta, así que lo dejo a su elección) psiquiatra, sé que tiene claro que usted es un ser ajeno y extraño en mi vida, tan claro como lo tengo yo. Pero, ¿sabe algo?, hay cosas que sólo usted conoce, que sólo usted entiende y que sólo sé que las puedo confiar en su consultorio, el cual no es tan grande, empero acogedor, y es posible, que allí, yo me sienta tranquila, escuchada y comprendida -en pocos lugares pasa eso-. Ahora bien, ¿cómo un ser tan lejano puede conocerme tanto y tan bien? ¿cómo es posible que me ayude y me haya recordado cómo volver al camino?

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@emilyfera

Dra.,a veces me pregunto si usted alguna vez ha sentido lo mismo que yo estoy sintiendo. Sé que sabe que es una crisis, pero, ¿las ha vivido?, la teoría es gustosa, pero la praxis es otra cosa diferente. Diariamente me pregunto si alguna vez por la mañana se ha despertado sintiendo un mutante vivo en su estómago, acompañado del temblor en el cuerpo, el ojo cristalizado, los miedos aumentados, las palpitaciones al ciento por mil y las pocas ganas de vivir, porque eso es lo que generalmente vivo cada mañana. No sé si ha llorado en la ducha, no sé si siente cómo sus lágrimas se mezclan con el agua, al punto de perderse entre su cara, así como se pierden las ilusiones y los sueños, y ya con eso basta para pronosticar un mal día. 

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@sandra_gajarova

No sé si entiende los sentimientos que se despiertan en mí cada día con la llegada del sol. No le voy a mentir, a veces quisiera morir, pero no soy tan valiente para hacerlo, ni tan cobarde para rendirme en una vida, la cual se complementa con mi familia. ¿Su familia es su complemento?, y es así como después de todo esto, supongo que escucha y atiende personas en situaciones similares o peores a las mías, que vive, siente y piensa, algo parecido o más complicado, pero en algún momento de su vida, ¿usted se ha ayudado como ayuda a sus pacientes?, pues no es lo mismo hablar de la ansiedad a tener que vivir con ella, créame.

En varios controles, durante la agonizante terapia, me ha hecho énfasis en mis sentimientos, en expresarlos y demostrarlos, pero ¿es usted un ser amoroso y efusivo?, es muy fácil predicar, lo realmente difícil es aplicar, ¿no cree?, es por ese el motivo el cual yo no predico, ni aplico, entre creer y no creer yo elegí no hacerlo. Por eso cuando me preguntó por mi religión la respuesta fue: “no tengo”, pero faltó el argumento, “mi familia es lo único que se asimila al concepto de religión como parte de una vida, vida la cual no incluye a Dios”.

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@lucky_box

“La ansiedad hay que volverla natural”, usted bien claro lo ha dicho, pero no es sencillo, no sabe lo difícil que se convierte el tener que luchar conmigo misma, pues es un conflicto entre lo que quiero, pienso y hago. A veces soy contradictoria con mis creencias, y en momentos siento que solo usted me comprende  y esto es lo más difícil de la situación. Cuando me pregunta por mi tiempo, me genera cierta tristeza su interrogación, porque hasta el momento es la única que lo hace, y no precisamente porque le importe, sino porque eso hace parte del ejercicio de su profesión. ¿Ahora ve porqué se me hace difícil ir a sus terapias? Son una tortura y sus preguntas son algo crueles, pues si bien es cierto, el objetivo es buscar remover sentimientos los cuales están ocultos en lo recóndito de mi –podrido- ser, pero, a decir verdad  nunca me he interesado por sacar a flote los recuerdos que me generan dolor, no quiero sufrir, quiero estar en mi zona de confort. 

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@youare_thedarkness

Dígame ¿A qué punto quiere llegar cuando habla de mi abuela?, explíqueme eso por favor. No sabe, no se da cuenta lo agobiante que es para mí. A veces quisiera salir corriendo o lanzarme por la pequeña ventana de su consultorio y no volver, pero luego pienso en lo que me ayuda estar allí exorcizando todos los temores y sacando las cosas que tengo retraídas, las cuales a veces no me dejan ni respiras y es por esa razón que sigo, sigo sentada en su consultorio, frente a usted, reconociendo lo que soy y no soy, pero, ¿qué puedo decir de mis inseguridades?

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@sandra_gajarova

Finalmente, puedo decir que le he perdido el miedo a los psiquiatras, usted no es tan mala e insensible, imagino que debe tener sentimientos y corazón. Usted transpira tranquilidad y serenidad, su energía es positiva y eso fue importante en la terapia, me ayudó a sentirme en confianza, además que disfruté el hecho de verla reír con mis ocurrencias, es algo que me hace sentir bien. En ocasiones sentí que usted disfrutaba resaltar mis errores, pero gracias a eso aprendí que todos nos equivocamos, que soy un ser humano, con defectos y virtudes y aunque en momentos esas palabras me parecían cliché y me alborotaban el mal genio, posteriormente me hacían reflexionar y enfrentar situaciones. Amé las explicaciones alternativas como nunca, pues gracias a ellas aprendí a ver la vida de color y a entender que no siempre es blanco y negro, pues los matices son importantes también. Es mi deber moral agradecer el que me haya lanzado al agua y no me haya dejado ahogar, aunque generalmente soy fuerte, confié en que no me dejaría caer. Gracias por haber sido y por haber estado, espero no volverla a ver, o por lo menos no en su consultorio. Y ya ve, al final de la historia, mi problema no siempre son mis pensamientos, a veces le saco provecho a mis ideas, ¿no le parece?