Por Francisco Armanet
26 agosto, 2016

Pasó los 8 meses y medio que duró el embarazo postrada en un cama, preparándose para dar a luz…

Michelle tenía apenas 23 años cuando sufrió un terrible accidente que le cambiaría la vida para siempre. Ese día, mientras disfrutaba de sus vacaciones universitarias, decidió que se daría un baño en la piscina. Claro, una piscina no representaba riesgo alguno y la joven decidió que se daría zambullido directo en el agua. Esa elección le costó no poder volver a caminar nunca más en su vida, así como tampoco maniobrar correctamente sus brazos, y verse obligada a aprender todo de nuevo; desde comer hasta hacer cualquier actividad cotidiana desde su silla de ruedas. La parálisis fue tremenda.

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Discovery Health

Desde ese entonces, su vida cambió radicalmente. Los doctores dijeron que nunca más volvería a sentir nada desde el cuello hasta los dedos de los pies y que tener hijos sería imposible. Sin embargo, Michelle decidió que haría todo lo que estuviera en su poder para rearmar su realidad. Fue esa determinación la que años más tarde superaría todas las probabilidades. La joven se casó con un buen hombre llamado Peter.

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Vivieron juntos durante algunos años y, cuando ya el amor era muy fuerte, ambos sintieron un profundo deseo de tener hijos. Entonces, a pesar de todos los pronósticos, ella quedó embarazada. Claro, eso no era realmente lo difícil. Lo complicado, en vez, era dar a luz al bebé que ya estaba esperando. Por su condición, estaba acostumbrada a lidiar con infecciones y transfusiones de sangre. No obstante, el embarazo fue el desafío más complejo.

Pasó literalmente 8 meses y medio postrada en una cama. Los médicos le ordenaron que así debía hacerlo o, de lo contrario, las posibilidades de que las cosas resultaran mal eran altísimas. Pero, aún siguiendo las instrucciones de los especialistas, Michelle y el bebé que esperaba corría un grave riesgo: la muerte de ambos.

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El parto era prácticamente un asunto de cara o sello y Peter vivió siempre con la idea de que tal vez regresaría a casa solo. Sin hijo y sin esposa. Pero aún así, acompañó a su mujer y ambos lucharon para que todo saliera bien.

El día del parto finalmente llegó y, a pesar de el temor, el peligro y las probabilidades médicas, esta historia tuvo un final sencillamente maravilloso.

Está todo registrado en el siguiente video.

Te lo dejamos.

httpv://youtu.be/B8bThbNIFJw

Esta es una historia de determinación, esfuerzo, y perseverancia que demuestra que somos capaces de lograr lo que queramos siempre que nos lo propongamos.

¿Tú qué opinas al respecto?

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