Por Elvira Vergara
28 septiembre, 2015

¡Quién dijo que la esclavitud era cosa del pasado!

Syeda Ghulam Fátima es una activista paquistaní. Ella lucha por terminar con las condiciones de  servidumbre en la industria de los ladrillos a horno en Pakistán.

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Cuando se trata de los derechos humanos, Pakistán es el foco de la esclavitud moderna, y la industria de ladrillo su razón. Esta industria es una de las principales fuente de dinero de Pakistán y emplea millones de personas, pero a la mayoría se les paga un mísero sueldo y trabajan en las condiciones más precarias. Lo peor de todo es que muchos de los trabajadores son niños.

Los propietarios de los hornos de ladrillo a menudo manipulan a los trabajadores proporcionándoles préstamos que necesitan desesperadamente y cobrándoles por ellos elevadas tazas de interés. Esto se transforma en un verdadero círculo vicioso, del que sólo pueden salir a través del trabajo manual. Y precisamente por eso está luchando Fátima.

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Fátima ha sido golpeada y electrocutada varias veces por su activismo. Inspirado por su lucha, el fotógrafo Brandon Stanton ha publicado una serie de fotografías de Fátima y ha creado un sitio web (IndieGoGo) para buscar financiamiento para la organización que Fátima ha creado: «Frente de Liberación del Trabajo en condiciones de servidumbre», dónde los trabajadores pueden encontrar protección y asesoría legal.

Y la verdad es que hasta el momento la gente ha simpatizado bastante con la causa de Fátima, ¡ya llevan más de 2 millones de dólares recaudados!

Según la organización, cerca de 4 millones de paquistaníes trabajan en la industria de ladrillos. En el 2014 el Índice Esclavitud Global estimó que Pakistán tenía la sexta taza más alta de esclavitud en el mundo.

“My sister’s kidneys were failing. We tried to raise the money to save her. We sold our cattle. We sold our property. We sold everything we had. When we ran out of options, I took a 5,000 rupee loan from the brick kiln. I thought I could pay it back by working for 15 or 20 days. But when I thought it was time to leave, the kiln owners did the accounts. They told me: ‘You lived in our house. You ate our food. You owe 11,000 now. If you have 11,000 rupees, you can go. Otherwise get back to work.’ They worked me harder. I never saw my wages. If I wanted to stop, they beat me. A few months later, my grandfather died. I asked for a few days off to arrange his funeral. ‘You owe 30,000 rupees now,’ they told me. ‘If you have 30,000 rupees, you can leave. Otherwise get back to work.’ Now I owe 350,000 rupees. And my sister died a long time ago. There’s no way out. Soon my debt will pass on to the next generation.” *1,000 rupees = $10 (6 of 7) (Lahore, Pakistan) ————————————————— This is the sixth post in a series on Syeda Ghulam Fatima. Known to her admirers as Pakistan’s Harriet Tubman, Fatima has worked tirelessly to eradicate bonded labor—one of the last remaining forms of modern slavery. This man is one of millions of bonded laborers in Pakistan, and one of the tens of thousands who has turned directly to Fatima to help him escape the violence and cruelty of his owners. Fatima has been electrocuted, shot, and repeatedly beaten for her activism. Despite her outsized impact, she operates on a small budget. So we are raising money to aid her in her mission. Today is the last day of the fundraiser we are holding for Fatima’s organization, The Bonded Labour Liberation Front. We have raised nearly $600,000 so far. Costs are low in Pakistan, so money can be leveraged many times over. We are not just increasing Fatima’s abilities to help free people from bondage. We are MULTIPLYING those abilities. Nearly 20,000 people have contributed so far. That is .13 percent of the people who follow this page. If .2 percent of people who follow this page donated, we could empower Fatima with $1,000,000. LINK IN BIO

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«Los riñones de mi hermana estaban fallando. Tratamos de reunir el dinero para salvarla. Vendimos nuestro ganado. Vendimos nuestra propiedad. Vendimos todo lo que teníamos. Cuando nos quedamos sin opciones,  tomé un préstamo de 5.000 rupias de la fábrica de ladrillos «.

Debido al sistema de préstamos este hombre paquistaní debe 35.000 rupias, deuda que será trasmitida de generación en generación. 

Hay miles de fábricas de ladrillos en Pakistán, lo que le da a la industria una enorme influencia y poder político. Prácticamente no existen los reglamentos que protegen a  los trabajadores, y ni hablar de la corrupción que existe entre los policías y los propietarios de los hornos…

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Afortunadamente la cifra total de recaudación de fondos tendrá un profundo efecto en Pakistán, ya  que el poder adquisitivo de un dólar es aproximadamente cinco veces mayor que en los Estados Unidos.

Esperemos que Fátima logre su objetivo, ¡no puede ser que en pleno siglo XXI siga existiendo la esclavitud!

Te invitamos a visitar la página de recaudación de fondos de Fátima para apoyar en esta causa.

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