Por Ruben Peña Blanco
23 septiembre, 2016

¿Ah, sí?

Existen personas que simplemente prefieren estar solos, la compañía no es de su agrado y para muchos este tipo de individuo quizás no esté del todo bien de la cabeza. Pero, según un estudio de la genética humana desarrollado por investigadores de la estadounidense Universidad de California, en San Diego, sus genes podrían ser la causa.

La tesis observó la genética de 10.760 personas de más de 50 años de edad para determinar si existía alguna relación con lo solitarios que se sintieron a lo largo de sus vidas. Y aunque el estudio sugiere que los factores ambientales juegan un papel más importante en la soledad, éste es un factor que, según los investigadores, es responsable hasta del 27 % de los sentimientos de un individuo en completo aislamiento social.

En su artículo, publicado en Neuropsychopharmacology (¿Neuro– qué?), explican cómo algunas personas están genéticamente programados para sentir la soledad con más fuerza que otros.

Los investigadores preguntaron a los participantes tres preguntas bien establecidos que miden la soledad sin llegar a mencionar la palabra “solo”, y que muchas personas son más reacios a admitir: “¿Con qué frecuencia siente que le falta compañía?”, “¿Con qué frecuencia se sienten excluidos?” y “¿Con qué frecuencia se siente aislado de los demás?”.

Al vincular la información genética y los resultados del cuestionario se encontraron con que una tendencia permanente a sentirse solo es un rasgo “moderadamente heredable” e “identificado como fuertes correlaciones genéticas entre la soledad, la neurosis y una escala de síntomas depresivos”.

Se estima que hay una predisposición genética que puede dar cuenta del 14 al 27 % de la tendencia de un individuo a sentirse solo.

Si te gusta la soledad, no significa que seas extraño o tengas algún trastorno. Quizás, simplemente lo llevas en tu ADN.

Interesante ¿cierto?.

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