Por Alvaro Valenzuela
25 febrero, 2016

La razón científica por la que cada 4 años agregamos un día al calendario.

Es sabido por todo el mundo que cada año dura 365 días. Se nos ha enseñado desde la primaria que estos serían los días que la Tierra demora en dar una vuelta completa al sol. Pero en realidad, nuestro planeta se toma 365,242 días. Esta pequeña diferencia hace que cada cuatro años debamos agregar un nuevo día al calendario: el 29 de febrero. Aunque según expertos esto no es tan exacto como parece. Según César Fuentes, astrónomo de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Astrofísica y Técnicas Afines (CATA), contactado por el diario La Tercera, la regla del año bisiesto cada cuatro años no siempre se cumple.

“Por año, hay casi un cuarto de día que queda. Pero como es un poco menos de un cuarto, en cuatro años no se alcanza a completar un día, por lo que hay que sacar tres años bisiestos cada 400 años”.

Esa fue la razón por la que los años 1700, 1800 y 1900, no fueron bisiestos, pero sí lo fue el año 2000.

¿Pero que sucedería si no se hiciera esta adecuación?

“Se empezaría a acumular un error entre la posición de la Tierra durante su vuelta al Sol, que es lo que uno quiere medir con el calendario, y los días calendario. En cuatro años, es solo un día de diferencia y probablemente no lo notaríamos, pero si no lo hiciéramos en 100 años, estaríamos desfasados en casi un mes y ahí sí nos cambiarían las estaciones, la posición de las estrellas, por ejemplo”.

Y otras culturas también aplican este tipo de adecuación…

“En todos los calendarios que existen, el islámico, el hebreo… todos consideran algún tipo de día extra porque se nota la diferencia”.

La historia de los años bisiestos

Todo este enredo comenzó el año 46 a.C cuando el emperador Julio César le pidió al astrónomo Sosígenes de Alejandría que calculara nuevamente cuántos días tenía un año solar y adecuara el calendario que usaban los romanos. De esta forma se le agregó un día nuevo a febrero cada cuatro años.

Dieciséis siglos después, el papa Gregorio XIII, reunió a sus astrónomos y pidió calcular nuevamente porque las estaciones y solsticios no coincidían con el calendario. Los científicos se dieron cuenta que por culpa del calendario romano se habían acumulado 10 días de desfase. Por esta razón el día jueves 4 de octubre de 1582 fue convertido en el viernes 15 de octubre de 1582. Desde ahí en adelante comenzó a funcionar el calendario gregoriano que calculó los años bisiestos con la siguiente fórmula matemática: si un año es divisible por 4, entonces será bisiesto; pero no lo será si es divisible por 100, excepto que sea divisible por 400. Esto quiere decir que cada 400 años hay tres que no serán bisiestos.

El ego de los emperadores romanos dejó a febrero con menos días

El mes de febrero fue el elegido para esto ya que por entonces tenía 30 días. Bisiesto, significa seis días antes del mes de marzo por lo que se sumaba entre el 23 y el 24 de febrero. Sin embargo, los emperadores Julio César y César Augusto quisieron tener sus meses (julio y agosto) con 31 días. Por lo tanto, cuando estuvieron a la cabeza del imperio romano, quitaron días de febrero y los sumaron a los meses que llevan sus nombres, dejando al segundo mes del año (que antes tenía 30 días y 31 en los bisiestos), con solo 28.

¿Sabías esto?

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