Esta mujer ciega vivió una experiencia traumática que no te imaginas.

María Viñas  Iglesias Antón, es una mujer de 46 años que trabaja en la Audiencia Provincial, de Fuencarral, España. Tiene un hijo de 6 años y siempre la acompaña Oreo, su perro guía que le muestra el camino que su vista apagada no puede alumbrar. Una tarde vivió una de las experiencias más crudas que pueda recordar.

Había ido a recoger a su pequeño hijo a la escuela de inglés pero durante el camino de vuelta a casa, no imaginó que le darían una golpiza que difícilmente olvidará.

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El niño le dijo a mamá que tenía hambre y, como esta vez no había tenido tiempo para prepararle algo que comiera antes de llegar a casa, entraron a una tienda a comprar algo que calmara su apetito.

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La hermana de María los acompañaba también, y cuando puso un pie en la tienda, con su perro al costado, portando el cinturón de trabajo, los dependientes del local le advirtieron que no se admitían perros, que no podía entrar y que se tenía que retirar de su tienda.

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María se defendió y les explicó que ella era ciega y necesitaba de su perro guía para poder moverse de un lado a otro, pero ni una palabra les interesó a los tenderos.

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María insistía en que no era sólo una mascota, sino que Oreo era como «sus ojos» pero, ante la negativa de los propietarios, las cosas se complicaron aún más. Desde el fondo del local llegó una mujer y comenzó a hablar con la persona que no las dejaba entrar, en un idioma que ni María ni su hermana entendían. La señora volvió a meterse y cuando salió estaba dispuesta a echarlas a golpes del lugar.

“Mi hermana empezó a decir: ‘Nos pegan, nos pegan, nos van a pegar’. Yo pensé que me estaba diciendo que nos iban a echar, cuando de repente me empezaron a llover palos por todos los lados. A los dos, tanto a Oreo como a mí. El perro se refugió entre mis piernas”.

-María Viñas Iglesias-

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La mujer sólo dejó de golpearla una vez que María pudo salir de la tienda y un hombre la auxilió y le pidió a la tendera que dejara de pegarle. Recibió golpes en la cabeza, el pecho y un hombro. Cuando una patrulla llegó a la zona con la torreta encendida, la violenta señora se refugió en el interior de su tienda.

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Después, los policías orientaron a María para hacer la denuncia pertinente.

“Nos llevaron a unos a un lado y a otros a otro. Al rato vino la mujer a pedirme perdón, pero no quise hablar con ella. La policía tampoco la dejó. Una de las agentes explicó a otros compañeros (de la agresora) que sí tenía derecho a entrar en la tienda con el perro guía

-María Viñas Iglesias-

Lo que siguió para María fueron momentos de angustia y temor, incluso tuvo que tomar ansiolíticos para soportar la presión que sentía con la denuncia que levantó. Igualmente Oreo cayó en un estado de ansiedad; estaba muy inquieto y no paraba de dar vueltas y oler frenéticamente todos los sitios a los que llegaban.

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La mañana

Lo que peor llevo es que mi hijo viera cómo me pegaban. No quiero tenerlo en una burbuja, pero lo pasó muy mal. Entre su padre y yo se lo hemos intentado explicar para que no se quede con estas formas violentas. Espero que no le queden secuelas”

-María Viñas Iglesias-

Lo que más le importa ahora a María no son los daños físicos, sino la impotencia de no poder hacer que se respeten los derechos de los invidentes.

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Aún nos queda un camino largo para que aprendamos a respetarnos y a protegernos mutuamente. ¿Qué opinas de lo que le sucedió a María? 

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