Por Francisco Armanet
16 junio, 2016

De los gestos más pequeños nacen las obras más grandes. Esto es maravilloso.

En un frío día de invierno, una pequeña niña mira la iglesia de su vecindario desde la vereda. Corre una brisa que le eleva el cabello y ella junta las manos para rezar. Pasan pocos minutos y, de pronto, un pastor cruza la calle en su dirección. Ella lo mira de reojo, y algo nerviosa, vuelve la cabeza hacia la iglesia.

-No puedo ingresar a la iglesia, no queda espacio para mí. -Dice la pequeña, y el pastor, que alcanza a oírla, le pide que la acompañe.

-Ven conmigo. -Le dice, mientras ambos caminan hacia el interior del templo. Dan pasos firmes entre el resto de las personas hasta llegar a un asiento desocupado.

-Aquí puedes estar. -Le dice el pastor mirándola tiernamente.

La pequeña sonríe y comienza a rezar.

Dos años más tarde, en otra fría mañana de invierno, la niña yacía muerta al interior de su ataúd en un salón de la iglesia antes del funeral. Una enfermedad se la había llevado antes de tiempo y sus padres estaban devastados.

Llamaron al pastor que había sido tan considerado con su hija para arreglar los últimos detalles antes del entierro y, de pronto, la madre recordó que esa mañana, mientras ordenaba la pieza de la pequeña, había encontrado un sobre de papel café que querían dejar junto a ella en el ataúd. Entonces, el pastor los invitó a abrirlo antes. En él había una nota y 57 centavos. 

El escrito decía.

“Este dinero es para construir esta iglesia un poco más grande. Así todos los niños podrán ir a misa los domingos”.

El pastor y los padres leyeron las palabras y se quedaron mudos ante la bondad de la jovencita que había pasado los dos últimos años ahorrando por esa noble causa. La noticia se supo en el vecindario y hasta un diario la publicó entre sus páginas. Fue así como un hombre muy adinerado se contactó con el pastor y los padres de la niña para ofrecerle un terreno en el que se pudiera construir una iglesia más grande.

-No tenemos el dinero para comprarlo. -Dijo el pastor ante la oferta.

-Se lo vendo en 57 centavos. -Contestó el hombre adinerado. –Eso será suficiente y lo haré en nombre de la pequeña.

El pastor y los padres de la niña no podían creerlo. 

Compraron el terreno, y la voz continuó esparciéndose a tal punto que el resto de los habitantes del vecindario comenzaron a recolectar dinero para construir la iglesia, todo esto en nombre de la pequeña. Increíblemente, reunieron $ 250.000.000 y construyeron un templo maravilloso.

HRTWARMING
HRTWARMING

Esta es una historia real. Si vas a la ciudad de Philadelphia, no olvides pasar a la iglesia “Temple Baptist Church”. Fue construida gracias a la bondad de la pequeña que comenzó a recolectar dinero para que más niños pudieran asistir a misa. Hoy son miles los que asisten semanalmente y en una de sus habitaciones, hay una fotografía de la niña con la nota que elle dejó tras morir.

Hasta esto pueden llegar 57 centavos.

 

Puede interesarte