Por César Ruiz
3 junio, 2016

“¿Podés creer que no recuerdo la cara del hombre que me salvó la vida y sí recuerdo la cara del que me hizo tanto daño?”.

Maira Mazzocchi estuvo a punto de morir en 2014 a manos de su agresor. En su consultorio de Cordoba, Argentina -donde trabajaba como kinesióloga- la intentaron asesinar con cinco puñaladas, pero no lo consiguieron gracias a que fue ayudada por un hombre que evitó que se desangrara completamente. Sin embargo, no hay rastros de tal sujeto, no existe.

De acuerdo con el diario Clarín, ella fue atacada por un sicario que a quien intentaba agredir en un principio era a su colega chilena. Después de que la apuñalaron se hizo un torniquete para disminuir la hemorragia y logró salir a la calle a pedir ayuda. Fue ahí cuando llegó un hombre que le dijo a la chica que era médico y que le enseñó a respirar de forma que no perdiera el último litro de sangre que le quedaba en el cuerpo.

“En la vereda, mientras todos gritaban, paró un hombre y me habló muy pausado, con mucha paz. Empecé a respirar como él me indicó y controlé la pérdida de sangre. Si no, me hubiera muerto. Los policías le tomaron el nombre, la matrícula y el DNI, pero ese hombre no existe. Nunca lo pudieron encontrar. Si no era por ese señor, yo moría desangrada”.

-Maira-

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Clarín

“¿Podés creer que no recuerdo la cara del hombre que me salvó la vida y sí recuerdo la cara del que me hizo tanto daño?”, comparte en la entrevista.

El ataque ocurrió a las 3 de la tarde del 11 de noviembre de 2014. Las temperaturas ese día fueron especialmente altas y no había nadie en la calle. El agresor sabía que su víctima iba a estar sola.

“Nunca desconfié del tipo. Cuando golpeó la puerta del consultorio lo hice pasar porque no tenía pinta de delincuente, era muy prolijo, muy educado. De buen aspecto, usaba lentes de aumento, muy correcto; además me mostró su muñeca izquierda vendada. Lo hice esperar, porque estaba atendiendo”.

Después de un momento, la mujer estaba en otra habitación y cuando se volteó vio al hombre con el cuchillo levantado en su mano izquierda. “Por el amor de Dios, no me hagas nada’, y ya con las dos manos comenzó a apuñalarme con fuerza. Yo retrocedí hasta que choqué con el escritorio y no pude más”.

El tipo se dio la vuelta y escapó. No fue un robo, no supo por qué lo había hecho. “Cuando me trabé con el escritorio, nuestras caras quedaron a unos 20 centímetros. Esa mirada, esos ojos, no me los olvido más”.

El cuchillo perforó estómago, hígado, intestino delgado y la arteria mamaria de Maira. Cuando llegó al hospital se sintió en el paraíso, pero sentía que si cerraba los ojos, se iba a morir.

Pasó 40 días en terapia intensiva, de los cuales 25 estuvo en coma inducido. Como el caso se hizo conocido, alrededor de 150 personas se apuntaron como donantes pero no todos cumplían los requisitos. Luego la pasaron a la sala común, donde ella cree que tuvo una señal divina. Le tocó la cama 33, su misma edad al momento del ataque.

El agresor fue condenado a 7 años de prisión hace apenas un mes, mientras que Maira sigue intentando rehacer su vida junto a su esposo Enrique.