Por Elena Cortés
6 junio, 2016

“No sé que es peor; que te viole un desconocido en la calle, o estar con alguien en quien confías y que luego te ataque sexualmente. Si te viola alguien que conoces, entonces terminas teniéndole miedo a todo el mundo”.

A sus 18 años, Katie Koestner era una chica feliz y todo en su vida, estaba calzando de la mejor manera. Venía de una familia bastante estable en Atlanta, con una madre dedicada a tiempo completo al hogar y un padre que trabajaba como agente del FBI. Ingresó a la universidad para estudiar ingeniería química y japonés. En los 90, ella decidió vivir en una residencia sólo para señoritas, comenzó una banda musical y se unió a un grupo juvenil de la iglesia cristiana. En la primera semana de clases, conoció a un chico que le gustó muchísimo y pensó que “había encontrado a su príncipe azul”… o eso es lo que quiso creer.

Con las semanas, y después de conocerlo, él la invitó a cenar fuera de la universidad. El restaurante que escogió para su primera cita fue increíble: velas en las mesas, música en vivo… todo para que fuera una cita hermosa y romántica.“Pensaba que había conocido al hombre más maravilloso de toda la universidad. Después de la cena no quise ir a su cuarto. Pensé que alguno de sus compañeros podría estar ahí o podía haber alcohol y yo no quería beber. Pero nunca pensé que había algo de malo en llevar a un chico a tu cuarto, sólo para pasar el rato. Abrir la puerta no era el equivalente a encender una luz verde para que pasara todo lo que él quisiera”, relató Katie a la revista Time.

Una vez en su habitación, el techo de la joven tenía constelaciones de una noche estrellada, así que bailaron “bajo las estrellas”. Admitió que fue romántica y tonta. Sólo tenía 18 años y no tenía en mente la maldad que una cara bonita podría ocultar.

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Lo que recuerda es que este chico comenzó tratando de desabotonarle el vestido que llevaban puesto. Los botones estaban en la espalda y como eran tan finos, pensó que los iba a arrancar. Amablemente ella le apartó la mano e instantáneamente él se paró al otro lado de la habitación… comenzó a desvestirse y ella, antes de alarmarse, admiró el gran físico del muchacho. “Quería ser una niña decente pero podría ser una no tan sana, pero qué es realmente la decencia. Pero mi veredicto final fue ‘necesito hacer que deje de quitarse la ropa’, así que agarré uno de mis peluches y se lo tiré, entre risas”, admite Kate.

La reacción del joven fue inmediata: la tiró al piso y la dominó con el peso de su cuerpo, luego le tomó los brazos con una mano y con la otra le intentó arrancar el vestido. Aún así, ella confesó que no pensaba que quisiera violarla.

“En 1990, una violación todavía era algo que hacía un desconocido. No era algo que hacía gente que te gustaba o con la que estabas saliendo… Así que le dije que NO, le pedí que se detuviera y se lo dije amablemente porque no quería herir sus sentimientos”. Él le prometió parar diciendo que “todo estaría bien” pero … NUNCA SE DETUVO.

-Katie a Revista Time-

Al día siguiente, Katie fue al centro médico de la universidad, le dieron sólo pastillas para dormir. Incluso habló con el rector, quien le dijo claramente que lo denunciara. El propio muchacho comenzó a enviarle mensajes diciendo que no lo evadiera, “que estaba enamorado de ella”. Katie decidió contarle a su padre pero cuándo él le preguntó cómo se había metido a su cuarto y ella le dijo que lo había invitado a pasar, él le respondió crudamente: “esto no hubiera pasado si tu no lo hubieras invitado a tu cuarto” y le colgó el teléfono.

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Katie en la portada del Time, edición 1990

La joven se encontraba en una posición bastante difícil, incluso amigos de tanto el agresor como ella, quisieron que “se arreglaran, aclarando todo” pero él dijo que “ella estaba interpretando todo mal, que las vírgenes suelen estar nerviosas por ser su primera vez”. Ese comentario la convenció en ir a la policía “para al menos evitar que a otra chica no pase lo que ella había vivido”.

Cuando acudió a la estación de policías y después de ser interrogada ellos mismos le dijeron que tenía sólo un 15% de probabilidad para ganar el caso. Así que decidió acudir al sistema disciplinario de la universidad. El caso de Katie originó la primera audiencia por comportamiento sexual en esa universidad. A pesar de haber “ganado” esta audiencia, lo único que se le prohibió al joven fue acercarse a la residencia de Katie por un semestre.

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Lo más devastador, cuenta ella, fue cuando el propio director de la universidad le dijera “ustedes hacen bonita pareja y él parece que realmente te quiere. Puede que vuelvan a estar juntos”.  Con esto, ella decidió relevar la historia a periódicos locales. A pesar de esto, muchos se hacían la misma pregunta: ¿Por qué si la estaban violando no peleó, no se defendió más de lo que cuenta? En la universidad, muchos la llamaron mentirosa. Incluso, algunos decían que como la llevaron a cenar, la experiencia no debió de ser tan traumante.

“No sé que es peor; que te viole un desconocido en la calle, o estar con alguien en quien confías y que luego te ataque sexualmente. Si te viola alguien que conoces, entonces terminas teniéndole miedo a todo el mundo.

-Katie a Revista Time-

Katie siguió adelante con su lucha, comenzó a visitar otras universidades y a hacer campañas para poner en alerta a las jóvenes. En 1990, a través de la revista Time, se creó el termino “Date-rape (violación que se produce durante una cita romántica), por su caso. Y cada vez que contaba su historia, aparecían otros 20 a 30 casos similares. Este fue el gran motor a continuar su campaña, para cambiar totalmente la visión que se tiene con respecto a la violación y la percepción que se tiene de las víctimas.

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Ahora, Kate es autora de libros y hace conferencias a miles de personas, por el mundo entero. Contando su historia, y haciendo que muchas víctimas hablen a tiempo. Desgarradora historia pero que llevó a que Katie, hoy en día, sea una inspiración para muchísima gente. 

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