Por Francisco Armanet
3 junio, 2016

La madre trata de consolarla con caricias, pero todo escala hacia un llanto histérico, incontrolable, horrible…

Viajar en avión suele ser desagradable y, como bien sabemos, los típicos responsables son, por lo general, la turbulencia, el ruido, la incomodidad y la falta de sueño. Sin embargo, hay veces en las que, si tienes muy mala suerte, también te puede tocar un bebé llorando a bordo. Es como el cliché de lo terrible: «me senté al lado de una guagua que no dejaba de gritar», «no pude dormir durante toda la noche por su culpa». Sin duda es agobiante. Pero así como un pasajero puede tener esta mala suerte, para la madre del bebé, la situación también es una pesadilla. Ahora bien, todo esto que has leído puede desaparecer de las posibilidades si tan solo cambiarás tu forma de reaccionar. Este tipo lo hizo y ahora es viral.

Mira el post que publicó la madre del bebé contando todo lo ocurrido.

«Mi esposo tuvo un viaje de negocios una vez más. Mi familia estaba a casi 8,000 kilómetros de distancia y la idea de estar tan sola me consumió hasta que, para el agrado de mis padres, decidí viajar a visitarlos. Mi único problema, sin embargo, era lo largo del viaje y tener que hacerlo sola, con mi bebé.

Dada la experiencia previa, me preparé bien. Lápices, libros, juguetes, comida y su manta favorita. Pasé horas tratando de encontrar vuelos con horarios que se ajustaran al tiempo de sueño de mi hija pero, por supuesto, nada de eso importaba y muy dentro mío, yo lo sabía. Íbamos a pasar horas y horas en un ruidoso, turbulento e incomodo avión y, por supuesto, ella lloraría.

Veces anteriores, me habían tocado hombres que me insistían que callara a la niña y esas situaciones me traumatizaron a tal punto que decidí no viajar más hasta que mi hija creciera. Pero ahí estaba, sentada en el avión esperando a que las cosas comenzaran a suceder. Entonces, ella empezó a llorar. Traté de controlarla con caricias pero todo escaló hacia un llanto histérico. Mi corazón se aceleraba mientras yo trataba de ignorar las miradas de rechazo por parte de los otros pasajeros.

Pero luego, el señor que estaba sentado a mi lado hizo algo que yo no esperaba.  ‘Estás haciendo un gran trabajo’, me dijo y luego ofreció cambiar a mi hija de asiento para que la persona del otro extremo no se quejara. Entonces quedamos él, mi hija y yo, en ese mismo orden. Además sacó su iPad y comenzó a mostrarle fotos de sus nietos y abrió un juego y le enseñó a jugar. Conversamos de su familia, de la mía y él fue muy paciente y cariñoso. 

Antes que pudiera preverlo el vuelo de 8 horas había terminado. Habíamos sobrevivido y el señor me ayudó a bajar las cosas y me acompañó hasta la salida del avión. Se despidió y desapareció rápidamente.

No me juzgó, no se irritó cuando los llantos comenzaron. No dijo nada desagradable. Solamente ayudó y destinó tiempo para que mi hija estuviera más tranquila. Sin duda hizo que el vuelo fuera agradable y la verdad es que siempre lo recuerdo. Fue algo muy poco común y marcó para siempre».

¡Un aplauso para este hombre! Sin duda lo merece.

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