Por Alvaro Valenzuela
28 junio, 2016

Sus compañeros podrían ser sus nietos.

Joseph Alba tiene 52 años pero eso no fue impedimento para que este granjero de Manapla, Filipinas, volviera a la escuela a estudiar. Alba se cansó de que lo molestaran y quiso terminar con su ignorancia entrando al primer grado de la escuela. Con la idea de que nunca es tarde para aprender, el hombre sabe que aprender a leer, escribir y otras cosas le permitirá leer letreros, direcciones y ser más independiente.

Sin importar lo que pueda pensar el resto, Alba se sienta todas las mañanas en una sala de clases llena de niños que podrían ser sus nietos.

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Él dejó la escuela en tercer grado cuando sus padres murieron. Luego comenzó a trabajar en una plantación de caña de azúcar. Dejó el trabajo en 2013 al no poder resistir el calor y la exigencia del trabajo.

Alba trabaja ayudando en la casa de la familia y Susan Pasingca, la dueña de casa, se dio cuenta que cada vez que su nieta, que asiste al segundo grado, estudiaba él se sentaba cerca para observar lo que hacía. Al ver su interés por estudiar, esta familia lo convenció de reingresar a la escuela y lo han ayudado comprándole un uniforme y entregándole una subvención de 5 a 10 pesos filipinos al día.

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Fria Laguda, la profesora de Alba, dice que es un excelente estudiante, que aprende muy rápido y es una inspiración para los niños que pierden la esperanza. El plan de Joseph Alba es terminar hasta sexto grado y luego enseñar a los niños de la importancia de leer.

¡Un gran ejemplo! ¡Nunca es tarde para aprender!

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