Por Francisco Armanet
20 junio, 2016

“Pensé que eso era todo. Creí que estaría muerto”.

Sam, un pequeño de 5 años casi se ahogó en un jacuzzi mientras estaba de vacaciones en Sudáfrica con su familia. Se bañaba en el agua caliente cuando, de pronto, se sumergió para mojarse el cabello. Llegó hasta el fondo y en ese preciso instante, ocurrió lo peor. Una fuerza desmedida comenzó a tirarlo hacia el ducto por donde se filtra el agua; el agujero se había abierto y sólo una reja impedía que Sam desapareciera por completo.

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Lucinda, su madre, sólo se dio cuenta de lo que estaba pasando cuando asomó la vista. Ella señaló que nunca había temido tanto miedo en su vida.

“Pude ver sus shorts azules bajo las burbujas y noté que estaba inconsciente. Metí mi brazo al agua para ayudarlo. Fue como mover un bloque de concreto”, aseguró.

Y claro, la presión del agua era muy fuerte.

“Por un segundo creí que estaba imaginándolo todo, pero rápidamente me percaté que la situación era muy grave y comencé a gritar por ayuda”, añadió la madre de Sam.

Dos hombres que estaban en el lugar se acercaron de inmediato para salvarle la vida al pequeño.

“En un principio pensé que se había atascado el pie. No podía ver bien por las burbujas pero cuando los tipos tiraban de él sin lograr rescatarlo. Supe que estaban luchando contra toda la presión del agua. Pensé que eso era todo. Creí que estaba muerto”, dijo la mamá. 

Sam llevaba segundos bajo el agua, pegado al fondo del jacuzzi por la presión que ejercía el agua. Una reja impedía que muriera en el acto. Tim, esposo de Lucinda y padre de Sam, estaba con el tío abuelo del pequeño en otro sector cuando escucharon los aterradores gritos. 

Inmediatamente corrieron al lugar y, al ver todo lo que ocurría, el tío abuelo de Sam, un médico general, supo que alguien había activado el filtro del jacuzzi. Bastó con desactivarlo para que el agua dejara de ejercer presión y los dos hombres que habían prestado ayuda, pudieran sacar al pequeño del fondo. 

Pasaron minutos de horror en los que Sam no reaccionaba, estaba inconsciente y con el estómago mal herido.

Su tío abuelo comenzó a reanimarlo hasta que el niño recobró la consciencia y se largo a toser.

Sam tuvo mucha fortuna, pues más allá de las heridas en su estómago, no sufrió grandes consecuencias.

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“Yo estaba cerca de él, creí que estaba a salvo, nunca pensé en los peligros de los jacuzzis. Tuvimos suerte que nada grave le ocurrió. Pero no quiero que algo así vuelva a pasarle a otra persona”, señaló Lucinda quién hoy está trabajando en un proyecto de prevención de ahogo para generar conciencia en las demás personas.

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