Por Raúl Cobo
13 octubre, 2016

Algo que es más común de lo que uno piensa.

Vengo de Chile, un país donde las universidades pueden costar el triple de lo equivalente al sueldo mínimo, y donde muchos, pero muchísimos estudiantes no logran terminar sus estudios por razones económicas. Y así como pasa en Chile, también pasa en El Salvador, donde también la educación es un bien de mercado, y no es vista como lo que realmente es: una necesidad.

¿Por qué les hablo de El Salvador? Pues porque hace pocos días salió una historia de una estudiante, que por muy sencilla que parezca, tiene impresionado a medio mundo, y es que claro, en otras partes pagar por educación universitaria parece surrealista. Lamentablemente, en el caso de Ana no es así, y ella para financiarse un mejor futuro debe hacer al menos 20 quesadillas salvadoreñas.

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Quesadilla salvadoreña / El Salvador Mi País

Ana tiene 22 años. Estudia, de lunes a viernes, en una universidad privada de San Salvador, siempre con dos libros en una mano y un depósito con 20 quesadillas para vender. Así debe hacerlo todos los días para poder mantenerse en la carrera de Comunicación Social.

“Tengo 4 hermanos y los gastos en mi casa son limitados, entonces mis padres no pueden pagar los estudios de todos. Así que dos tenemos que trabajar”

Al terminar las clases, y mientras gran parte de sus compañeras salen a disfrutar su tiempo libre, Ana debe correr para que no le cierren los supermercados y así poder comprar la harina, el queso rallado, la crema, los huevos, el azúcar y el ajonjolí suficiente para cocinar.

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Quesadilla salvadoreña / El Salvador Mi País

La receta, dice ella, se la sacó a una amiga que trabaja en una panadería. “Ella me dio la receta y 20 moldes para hacerla y de ahí no paré más”, cuenta Ana.

Cada quesadilla es vendida a 1 dólar. En total, logra juntar 20 dólares al final del día, 100 en la semana y 400 al mes, y con esos 400 paga la universidad.

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Quesadilla salvadoreña / El Salvador Mi País

Afortunadamente, a Ana solo le queda un año para ser licenciada. Sin duda, se tratará de una más que merecida recompensa para alguien que debió sacrificarse más de la cuenta por algo que debería ser gratis como lo es la educación.

¿Conoces más historias como estas? SI es así, no dudes en compartirla con nosotros.

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