Por Fernanda Peña
2 Junio, 2017

El pequeño usaba papel, cartón y Lego para armar sus propias versiones de los aparatos con los que soñaba.

 Mohikan es el afortunado padre de este pequeño de seis años llamado Kazutoyo, quien goza de una imaravillosa creatividad y de un amor innato por los videojuegos. Mohikan dice que Kazutoyo está muy interesado en la electrónica y las nuevas consolas, pero que su ajustado presupuesto familiar le había impedido ofrecerle al pequeño la posibilidad de jugar en alguna consola real. 

Pero para Kazutoyo eso no era un real problema, porque ya había demostrado que podía construir sus propias consolas. Un ejemplo de eso es el PlayStation Vita que construyó en poco tiempo.

 O ¿qué tal este computador de gamer?:

Kazutoyo siempre encontró la manera de jugar videojuegos, usando su imaginación:

El padre documentaba cada nueva creación de su hijo en redes sociales. Y el pequeño estaba tan al tanto de las novedades de Nintendo, que a él se le arrugaba un poco el corazón de no poder ofrecerle todo lo que el pequeño deseaba.

La última petición que hizo Kazutoyo fue una consola Nintendo Switch para Navidad, la última novedad de la multinacional japonesa, cuyo precio se estima sobre los 300 dólares.

La familia quedó impresionada, porque el aparato salió a la venta en marzo y el pequeño ya había hecho el suyo en versión Lego: 

Conmovida, la abuela decidió regalarle durante una reunión familiar un estuche protector, como adelanto de lo que sería su regalo navideño, aunque eso afectara el presupuesto de toda la familia.

A raíz de eso, Kazutoyo decidió construir un nuevo prototipo: ¡Un increíble Nintendo Switch de cartón!

Conmovido por el ingenio de su hijo, Mohikan decidió que quería sorprenderlo: salió a buscar la consola real, costara lo que costara, antes de Navidad.

Entonces esa noche, mientras el pequeño Kazutoyo tomaba un baño, Mohikan decidió camuflar el preciado regalo en medio de su consola de cartón:

Y esperó paciente por su reacción…

Y bueno, la imagen lo dice todo:

@mohikan1974

El presupuesto familiar pudo haberse estirado de manera aterradora esa vez, pero para Mohikan, la cara de júbilo de su hijo no tenía precio.

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