Por Ghalia Naim
1 septiembre, 2016

Ahora podemos respirar tranquilos

Hay humo blanco para el arte este año, y es que después de innumerables esfuerzos por reconocer la sustancia de la misteriosa mancha que yace en la famosa obra “El grito”, se descubrió que no se trataba de excremento de aves, como se pensó en un principio, sino de algo mucho más limpio, ¡gracias al cielo!

El pintor noruego Edvard Munch es uno de los grandes iconos del movimiento artístico expresionista. De él,  se conocen muchas obras, sin embargo, la más famosa de todas es sin duda la característica “El grito”.

Munch creó cuatro versiones sobre esta obra y de ellas la más popular se encuentra en el Museo Nacional de Noruega.

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Ancrugon

La obra ha sido protagonista de varias historias no confirmadas, robos de película y misterios; la mancha que se ubica a un costado de “el gritón” ha sido un completo enigma para los expertos en arte, ¿qué hace esa mancha allí?, ¿esconde algo?

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Elviajero

En un principio, los expertos en arte bromearon sobre una posible “porquería de pájaro” en vista de que al pintor le gustaba crear al aire libre, pero para dejar atrás la no muy limpia conclusión, los funcionarios del museo sometieron la pintura a un escáner de alta potencia de rayos X.

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nydaily

Además, como si se tratara de un caso del FBI, tomaron una muestra microscópica de la sustancia.

“No hay plomo, zinc o calcio presente, y las partículas de las manchas coinciden con cristales de cera de abeja más que de porquería de aves”.

“Creo que ya podemos cerrar el caso de los excrementos de pájaros”, comentó el investigador principal, el Dr. Geert Van der Snickt.

Edvard Munch nunca gozó de buena salud, ni mental ni física, y era considerado un “demente”. Tuvo gran popularidad por un tiempo pero la invasión Nazi lo alejó de Europa por lo que siguió su carrera  en los Estados Unidos. Falleció a los 80 años, solo, en el campo a las afueras de Oslo.

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Wikipedia

Dato curioso: Manchada con excremento o con cera, esta obra y otra de la misma versión han sido objeto del “deseo criminal” en dos oportunidades; la primera vez que la robaron fue en 1994 pero la policía pudo recuperarla rápidamente, y la otra en 2004 a la que está en el Museo Munch. Esta última estuvo desaparecida por dos años, hasta el 2006 cuando pudieron recuperarla.

 

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