Por Francisco Armanet
27 septiembre, 2016

“¡Báñate con agua helada!”

En un día igual que cualquier otro, llegué a la casa de mi abuela y ella me saludó como suele hacerlo; sonrisa de oreja a oreja, un abrazo cariñoso y la petición eterna de que me afeite y corte un poco el pelo. Yo le sonreí de vuelta, me envolví en su abrazo cariñoso y le dije que, en efecto, debía emparejarme la barba y peinar los escasos pelos que me van quedando a los 27 años. Me preguntó por cada uno de mis hermanos y primos, quiso saber cómo había estado mi madre y luego me sometió a un exhaustivo interrogatorio sobre el trabajo. “¿Es verdad que estás trabajando? ¿Tienes contrato? ¿Te pagan dinero real? ¿Es un trabajo normal?”, las preguntas iban y venían y yo hacía esfuerzos por contestarlas como la persona que soy: un nieto que ama profundamente a su abuela. “Sí, es verdad que estoy trabajando. Claro que tengo contrato. Por supuesto, es dinero real. Y sí, es un trabajo como cualquier otro”. La conversación se extendió por al menos media hora y, a pesar de que en varias ocasiones nombró a todos mis hermanos antes de pronunciar la palabra “Francisco”, yo estaba realmente contento de verla.

Luego pareció olvidarse de mí y le subió el volumen a la televisión.

-Viejita, te compré chocolates. -Le dije, pero ya era muy tarde. La teleserie turca me la había quitado por completo.

-Te mueres las barbaridades que hace este tipo. -Aseguró, de pronto, apuntando al personaje principal que aparecía en la pantalla.

-¿Qué hace? -Pregunté sin mucho entusiasmo.

-Uf, se mete con todas las mujeres, es una cosa de locos.

Entonces, junto con la aparición del galán infiel, decidí que era momento de dejarla un rato tranquila e instalarme en el comedor.

Pasé algo así como veinte minutos en Facebook hasta que dejé de escuchar las voces de la teleserie y la sentí caminar hacía donde yo estaba sentado. Honestamente, la idea de enfrascarme en otra conversación sobre el trabajo no me parecía muy atractiva. Entonces recordé al actor turco y pensé que tal vez un diálogo sobre temas tan importantes como la sexualidad podría darle un shot adrenalina a mi día.

Sin ánimo alguno de ofender a nadie y disculpándome desde ya si es que parece poco adecuado, les dejo lo que a mi juicio es un intercambio de opiniones tan tierno como gracioso. (La tartamudez es real)

httpv://youtu.be/K1FYC30TY9s

Pronto, más videos de “A mi Abuela, con Amor”.

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