“Los médicos me contaron que es degenerativa, que la cosa podía empeorar y cuando les pregunté -ingenuo de mí- si podía seguir corriendo, me respondieron que apenas podría caminar 200 metros”.

Ramón Arroyo cuenta que cuando le diagnosticaron esclerosis múltiple no aceptó la idea, que “cayó en picada” y pensó que era una batalla perdida. Pero un día no pudo coger a su hijo en brazos y decidió que tenía que afrontar las cosas de otro modo. Ese fue el cambio de mentalidad que lo llevó a nadar 3,8 kilómetros, correr 42 y andar 180 en bicicleta. 

“Los médicos me contaron que es degenerativa, que la cosa podía empeorar y cuando les pregunté -ingenuo de mí- si podía seguir corriendo, me respondieron que apenas podría caminar 200 metros“.

– Ramón Arroyo.

Ramón contó su historia de superación en el portal Verne de El País a través de una columna escrita por él mismo, en la que relata cómo un día estaba junto a su esposa y -súbitamente- se le cayó el cigarrillo. “Intenté coger una lata de refresco y no atiné”, recuerda. 

El español fue diagnosticado con la enfermedad cuando tenía 32 años y detalla que en un primer momento la noticia lo dejó abatido. “Empecé con mal pie. No acepté el diagnóstico y caí en picado”, narra.

 

Foto: Reproducción / OneWorldTriatlon Triatlón.
Foto: Reproducción / OneWorldTriatlon Triatlón.

Sentía que era una batalla perdida, pero tras no poder levantar a su hijo en brazos decidió que la batalla solo está perdida si no se intenta. 

“Me calcé las zapatillas y bajé a la calle. A pocos pasos hay un cartel que dice que la parada de metro más cercana está a 200 metros. Doscientos. Justo la misma distancia que aquel médico me dijo que sería incapaz de caminar. Lo intenté. Tenía que hacerlo por mi hijo, por mi mujer, por mí“.

– Ramón Arroyo.

Con esa motivación logró completar los 200 metros y luego avanzar 1 kilómetro, 10, una maratón de 42 kilómetros. “También me apunté al club de piscina de mi barrio, me compré una bicicleta, cambié de zapatillas. Quería comerme el mundo”, describe.

Ramón relata que un día descubrió que hay una categoría especial de personas con esclerosis múltiple en las triatlones y se inscribió. Tras lograrlo avanzó a otro desafío: el Ironman.

El Ironman es una competencia que abarca 3,8 kilómetros de nado, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo. Mucho más que ese “máximo” de 200 metros que le habían indicado.

Foto: Reproducción / OneWorldTriatlon Triatlón.
Foto: Reproducción / OneWorldTriatlon Triatlón.

Y lo logró, pero dice que esa prueba sólo es uno de los desafíos que tiene en la actualidad. “Antes era un hombre sano, con sentido del humor, ejecutivo comercial en una gran empresa, viajaba constantemente por todo el mundo para cerrar acuerdos importantes”, recuerda.

Ahora su historia es parte de un libro titulado “Rendirse no es una opción”, e incluso inspiró la película “100 Metros”.

“La esclerosis múltiple no es un resfriado y sigue dando guerra, tirándome a la lona de vez en cuando. Pero no me deja KO, porque tengo mil motivos para luchar, porque me ha hecho mejor persona, porque me ha brindado oportunidades increíbles y porque rendirse No Es Una Opción. Y nunca dejaré de dar las gracias por ello. Gracias, gracias, gracias”.

-Ramón-

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