Por Francisco Armanet
16 agosto, 2016

El accidente fue grave y los doctores dijeron que no había vuelta atrás. Pero no cabe duda, el amor es más fuerte que la ciencia.

Los sueños de Jaquie Goncher no eran muy diferentes a los de las demás chicas de su edad. Salud, una situación económica estable, conseguir un trabajo en lo que le gustaba, y encontrar al amor de su vida. Aún no cumplía los veinticinco años cuando, casi sin que pudiera darse cuenta, la vida comenzó a regalarle todas esas cosas. Un día se miró en el espejo y vio a una mujer sana, dueña de un buen puesto de trabajo y pareja de un hombre que la hacía sentir completamente feliz. Él se llamaba Andy y juntos disfrutaban de la vida como sólo una pareja enamorada puede hacerlo.

Facebook:Jaquie Goncher
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Pasó el tiempo hasta que un día Andy sintió que era momento de llevar su relación con Jaquie un paso más adelante. Entonces le propuso matrimonio y, sin pensarlo dos veces, ella aceptó. La vida le sonreía a ambos.

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Pero, lamentablemente, a veces no todo funciona como queremos.

Una tarde luego del trabajo, Jaquie se desvió del camino y pasó a visitar a una de sus amigas. Tal vez fue una mala idea, tal vez fue sólo el destino, nadie lo sabe. Sin embargo, lo cierto es que ese día hacía calor y la futura novia decidió darse un baño en la piscina. Fue ahí cuando, al zambullirse, golpeó su cabeza tan fuerte con el fondo que para volver a salir a flote, la familia de su amiga debió socorrerla. Jaquie se había roto 2 vértebras y no podía caminar.

Horas más tarde, en el hospital, los doctores darían la terrible noticia.

“Lo sentimos”, le dijeron a la madre de Jaquie. “Nunca más volverá a caminar”…

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La chica vio cómo todos sus sueños se desmoronaban y sintió que la vida la estaba castigando. Ella nunca había pedido mucho, pero ahora, a sus ojos, no tenía nada.

Fueron días oscuros en el hospital, Jaquie vivía angustiada y Andy la acompañaba día tras día para subsanar su tristeza. 

No pasó más de un mes hasta que la joven recibió una señal.

“Estaba en el hospital y, de pronto, logré mover el dedo pulgar del pie”, dijo Jaquie a Buzzfeed. “El doctor no pudo creerlo”. 

Ese día, luego de recibir esa pequeña inyección anímica, Jaquie se prometió a sí misma que la noche de su boda, ella no llegaría al altar en silla de ruedas.

“Caminaré”, se dijo. “Cueste lo que cueste, caminaré”. 

Pasaron las semanas y Jaquie comenzó una terapia de fisioterapia intensiva. Inició un programa de actividad en el gimnasio. En un principio no podía hacer prácticamente nada, pero con el tiempo y su esfuerzo, los resultados comenzaron a aparecer. 

Un movimiento tras otro. Primero flectó el tobillo, luego la rodilla, y al cabo de un año, se miró frente al espejo y, sorprendentemente, vio a una mujer sana, feliz, y lista para casarse.

El proceso de volver a caminar fue lento pero real. Andy lo supo y ambos estaban increíblemente felices. Sin embargo, ninguno de los invitados a la ceremonia estaba al tanto de la recuperación de Jaquie. Verdaderamente era impensado.

Entonces, apareció por el pasillo de la iglesia.

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Su esposo, no pudo impedir que lágrimas de emoción cayeran por su rostro.

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Jaquie y Andy eran los únicos que sabían acerca de la increíble noticia. Pero el resto de las personas que asistieron a la boda, estaban simplemente maravilladas.

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Era el día más feliz en la vida de Jaquie. Tanto así que, contra todos los pronósticos de la ciencia y la medicina, ella decidió bailar una canción junto a Andy, su esposo.

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Un nuevo comienzo para una pareja feliz…

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¿Qué opinas al respecto? ¿Crees que haya sido el amor y las ganas que tenía Jaquie de salir adelante las que lograron que pudiera volver a caminar?

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