Por Teresa Donoso
2 noviembre, 2016

“Entonces, no se puede vender el anticonceptivo masculino porque 6% de los participantes tuvieron efectos secundarios sin embargo 50% de las mujeres experimentan estos efectos cuando toman anticonceptivos”.

Mucho se había estado hablando sobre el nuevo método de anticoncepción masculino que prometía ponernos a hombres y a mujeres a la par a la hora de planificar la fertilidad y los embarazos, sin embargo, la investigación clínica que estaba probando este anticonceptivo se detuvo después de que al menos 20 participantes se retiraran del estudio debido a efectos secundarios.

Si bien casi un 75% de los participantes aseguraron que estarían dispuestos a usar este método anticonceptivo, el porcentaje de hombres que no quedaron satisfechos ni felices con los efectos secundarios tuvo un peso mayor.

Algunos de los malestares que los participantes sentían eran cambios en estado de ánimo, acné, palpitaciones, hipertensión e incluso disfunción eréctil.

También se cree que este anticonceptivo podría no ser tan seguro para la fertilidad de los hombres ya que pasado un año desde haber dejado de usar el método, ocho de los participantes seguían sin poder recuperar su fertilidad. Eso sí, hay que destacar el doble estándar con el que se toma esta prueba. No me refiero a que haya estado mal detenerla (muy por el contrario) sino más bien al hecho de que las mujeres han experimentado estos mismos síntomas por décadas sin que nadie haya dicho que la píldora debía dejar de ser vendida o consumida.

De hecho, se suele hacer comentarios que hacen sentir que los efectos secundarios son el precio que debemos pagar por tener una cierta “libertad reproductiva” y que es el precio que debemos pagar si queremos tener sexo y no tener hijos, precio que pocas veces se les impone a los hombres.

El cuestionamiento aquí no es que los hombres deban tomar algo que les hace mal, sino que nadie debería estar expuesto a medicamentos que no funcionan bien.

Este estudio debería ser la puerta que abra todo un mundo hacia anticonceptivos hormonales de calidad que puedan cumplir su rol al mismo tiempo que mantienen nuestra calidad de vida y nuestro deseo sexual intactos.

“Entonces, no se puede vender el anticonceptivo masculino porque 6% de los participantes tuvieron efectos secundarios sin embargo 50% de las mujeres experimentan estos efectos cuando toman anticonceptivos”.

Es realmente una triste realidad. Lo único que podemos esperar es que lleguemos a un punto en la historia en la que la anticoncepción sea más fácil, menos dramática y con responsabilidades que se dividan de forma igualitaria entre hombres y mujeres.

Claramente no por ser mujer tenemos que llevarnos todo el peso. ¿Verdad?

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