Por Francisco Armanet
16 septiembre, 2016

Es una chica maravillosa.

El nacimiento de su primera hija, tenía a Tamara ansiosa, expectante, y entusiasmada. La llamaría Jemma y, según ella misma relata, haría todo lo que estuviera en su poder para brindarle una gran calidad de vida. Pues, sería su hija y ¿Quién no quiere que los niños sean felices? Claro, Tamara estaba feliz y como toda futura madre primeriza, entró a pabellón nerviosa. Pasó horas dando a luz, fue un parto normal y cuando la pequeña nació, una impactante noticia invadió a su madre por completo. La bebé había nacido con una deformidad en sus manos y pies. Tamara, confundida, se largó a llorar. No porque su hija no estuviera en las condiciones que ella hubiera querido, sino porque temió que su cuerpo no le permitiera realizar las actividades propias de una persona común y corriente.

Los doctores, al cabo de un tiempo, señalaron que Jemma se acostumbraría a usar sus manos en las condiciones en que estaban. Sin embargo, dijeron a Tamara que una de sus piernas podría traerle muchas complicaciones. 

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Facebook/Tamara Kelly

-Vamos a tener que operarla. -Le dijeron. -Seguramente varias veces a lo largo del tiempo para prácticamente reconstruirla. 

Tamara miró a los doctores sin poder creerlo y, entonces, junto a su esposo tomó una difícil decisión. Amputarle la pierna.

Era una posibilidad que habían analizado con los doctores. Si bien en cuanto a lo estético podría ser fuerte, en términos de movilidad le brindaría una comodidad mayor. Con lágrimas en los ojos, entraron por segunda vez a pabellón en menos de un año. Esta vez, para quitarle la pierna de su cuerpo. La cirugía fue larga, difícil, y el futuro era incierto. 

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Facebook/Tamara Kelly

Pasaron dos años desde aquel día y la pequeña Jemma recibió su primera prótesis. Entonces, todo cambió radicalmente.

Rápidamente comenzó a caminar, a jugar, a bailar. Saltaba de trampolines y era una chica completamente feliz. A pesar de lo que pudiera creerse, Jemma reía constantemente y no podía estar más alegre gracias a su nueva pierna.

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Facebook/Tamara Kelly

Su madre, Tamara, así lo asegura.

«Le ha cambiado la vida. Durante toda su época sin la pierna, ella miraba la televisión y decía que quería ser porrista. Hoy, no sólo ha comenzado ese camino, sino que además anda en bicicleta, juega con la pelota, corre y salta. Es una niña feliz y se está acostumbrando desde muy chica a esta realidad», dijo la mujer que, afortunadamente logró tomar la mejor decisión cuando escogió amputarle la pierna a su hija.

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Facebook/Tamara Kelly

Tal vez otra madre no lo hubiera hecho.

¿Tú qué opinas al respecto?

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