Por Francisco Armanet
7 agosto, 2016

Estudios han demostrado que con 30 segundos de este ejercicio se logra encoger la amígdala cerebral, responsable de causar el estrés, la ansiedad y la rabia.

Jon Krop es abogado y tiene lo que muchos especialistas denominan trastorno de déficit de atención con hiperactividad. Cansado de las exigencias de este mundo competitivo y exitista, decidió que abandonaría la ciudad para embarcarse en un retiro espiritual de 7 meses en el desierto de Arizona, EEUU. ¿Qué haría durante todo ese tiempo? Meditar 9 horas al día junto a su maestro tibetano Tsoknyi Rinpoche. La experiencia fue asombrosa.

Jon Krop
Jon Krop

“Entré en un estado de paz y supe que podría haberme quedado así para siempre”, señaló Jon luego del retiro.

Sin embargo, y como todo en la vida tiene un fin, llegó el momento de regresar a la ciudad de Nueva York donde él había vivido siempre.

“El retiro me había dado una vida perfecta. Había encontrado la calma, el silencio, la falta de responsabilidades reales, pero regresar a Nueva York fue todo lo contrario. Tuve que buscar un trabajo, un departamento, comencé una relación amorosa, y sentía que el mundo se me venía encima. Entonces, recordé los consejos más importantes que mi maestro tibetano me dio en el desierto de Arizona. Comencé a ponerlos en práctica y volví inmediatamente a mi estado de plenitud. Se los comparto”.

Jon Krop
Jon Krop

“Pausas Mentales”

1. Respirar profundo.

Inhala lentamente, llena tus pulmones de aire desde abajo hacia arriba sintiendo cómo se inflan. Esto te ayudará a percibir la conexión entre tu estado de ánimo y la respiración. Controlar la respiración permite crear emociones de calma y relajación.


2. Inclinate hacia adelante. 

Siéntate y estira tu cuerpo hacia adelante. Presta atención a las sensaciones. Siente todo lo que esté pasando; calor, frío, presión, el roce de la ropa con tu piel, sin necesidad de catalogar lo que pase como ‘bueno’ o ‘malo’. Si sientes un montón de cosas, está perfecto. Si sólo sientes el contacto de tu cuerpo con el piso o la silla, también está perfecto.

Si notas que sientes estrés o ansiedad, es necesario prestarle atención a eso. Puedes percatarte de aquello si sientes tu pecho apretado o calor en el rostro. Si logras sentir esas sensaciones en vez de dejarlas ir y pararte a hacer otra cosa, entonces estás haciéndolo bien. Debes mantener la concentración. Es como nadar en el mar; cuando una ola viene hacia ti y te quedas rígido esperándola, lo que obviamente pasará es que el agua de bote. Pero si pasas por abajo de la ola, no habrá problema.


3. Concéntrate en tu respiración.

Presta atención al aire pasando por tu nariz cuando respirar. Concéntrate en eso y siente el cambio de dirección del aire cuando inhalas y exhalas. En esta etapa no hay necesidad de hacerlo lenta o profundamente. Permite que tu cuerpo respire tal como quiera hacerlo, 10 segundos son suficiente pero si quieres hacerlo más tiempo, está perfecto.


4. Continua con tu vida.

Si tenías tus ojos cerrados, ábrelos y continúa con el día. Pero ve si puedes mantener la sensación de calma y relajación que creaste. No corras por tu teléfono o por llamar a alguien, siente cada momento.

A esto se le llaman pausas mentales. Y por ser tan rápidas y simples de hacer, puedes ponerlas en práctica cuándo y dónde quieras. En tu escritorio, en el transporte público, etc. La parte más difícil no es terminar el ejercicio, sino acordarse de empezarlo.

Lo importante es no creer que esto evitará por completo la ansiedad, sino que nos permitirá sentirla de otra manera y desde ahí, poder manejarla. El truco está en aceptar los pensamientos y sensaciones difíciles, pero saber también que vienen y se van. Cuando están ahí, están ahí, y eso no es necesariamente un problema. Observándonos realmente durante 30 segundos podemos encontrar alivio.


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