Por Francisco Armanet
30 agosto, 2016

“Sólo sabía que no quería pasar el resto de mi vida en una casa para indigentes”, este es un verdadero caso de superación.

Destyni Tyree, una joven estadounidense de 14 años, recién comenzaba a disfrutar de las bondades que puede entregar el mundo en que vivimos cuando su madre, la mujer que le había enseñado a ponerse de pie y luchar por aquello que amaba, se vio inmersa en un problema tan común como doloroso; la cesantía. “Pasa frecuentemente y a muchas personas”, pensó Destyni sin dimensionar verdaderamente la gravedad del asunto. Ella era sólo una adolescente y creyó que su madre volvería a hacerse cargo. “No habrá problema”, se dijo a modo de consuelo. Sin embargo, no pasaron muchos meses hasta que la realidad golpeó con más fuerza aún y ambas perdieron la casa en que vivían. Ya no cabía duda, estaban en la calle.

Destyni Tyree / Facebook
Destyni Tyree / Facebook

Todos los sueños de Destyni se vieron coartados. Debió abandonar la escuela, perdió amistades, y ni pensar en mantener contacto con el chico del vecindario que le gustaba. Desde ese día en adelante, el objetivo era sólo uno; sobrevivir. 

Los días transcurrieron inciertos, angustiosos, y Destyni terminó viviendo en un hogar de acogida para personas sin casa. La habían privado de formarse académicamente, le habían quitado el techo bajo el que vivió durante años, e incluso, estaban distanciándola de las personas que más quería. ¿La explicación? Simple. Nadie tiene el futuro asegurado. 

Y es cierto, nada en este mundo está garantizado. Sin embargo, la premisa “querer es poder”, tiene aún más fuerza y Destyni bien lo sabía. Entonces, se levantó una mañana en el hogar de acogida y se dijo a sí misma;

“No viviré aquí para siempre”.

Ese fue el comienzo de un verdadero cambio. 

Luego de aquella mañana, Destyni postuló a decenas de escuelas públicas a fin de no perder sus estudios. Entonces, fue aceptada en Roosevelt STAY. 

Increíblemente, esta joven que lo había perdido literalmente todo, comenzaba poco a poco a sobreponerse a a la adversidad. Una buena calificación, luego dos, luego tres, hasta que el semestre había finalizado y ella misma se sorprendió al darse cuenta que terminó con el mejor promedio de la clase. ¿Una chica sin hogar como mejor alumna? Sí tal cual. Destyni se lo había propuesto y eso era suficiente. Entonces, comenzó un espiral de logros, y metas alcanzadas que se sostenían en base al esfuerzo y la constancia.

Destyni Tyree
Destyni Tyree

Se graduó de la escuela a los 16 años. Dos antes que el resto de sus compañeros. Aprobó todos sus cursos y, como si eso fuera poco, fue elegida reina de la fiesta de graduación por todos sus compañeros. Su madre estaba feliz. Sin duda, su madre estaba feliz. 

Destyni Tyree
Destyni Tyree

La ceremonia simbolizó el cierre de una etapa dura que finalizaba con éxito. Sin embargo, sólo una parte del camino estaba recorrido. Faltaba la universidad. Claramente no había dinero para costear una carrera, pero a pesar de que acceder a los estudios secundarios fue siempre el sueño de Destyni, no se dejó angustiar y agradeció la oportunidad que la vida le había dado. Nuevamente tenía amigos, había terminado la escuela primaria y eso, al menos por un tiempo, sería suficiente. Pero la directiva de la Universidad de West Virginia no opinaba lo mismo.

Destyni Tyree / Facebook
Destyni Tyree / Facebook

El caso de Destyni llegó hasta la casa de estudios y su esfuerzo fue premiado con una beca par estudiar la carrera de Pedagogía.

“Quiero estudiar pedagogía y llegar a ser directora en un colegio”, señaló Destyni en las redes sociales.

No cabe duda jovencita, sin duda lo conseguirás.

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