Por Francisco Armanet
30 septiembre, 2016

“¡Sobre mi cadáver! ¡Esos muestran hasta los genitales!”.

Las personas eligen estudiar carreras muy extrañas. Eso de la medicina y las leyes, por ejemplo, es demasiado curioso. ¿A qué hombre se le podría ocurrir dedicar la vida a abrir cuerpos humanos con cuchillos? ¿Por qué parece atractivo querellarse contra las demás personas y luego defender a políticos corruptos que han robado millones de dólares a los ciudadanos? No lo sé. Sinceramente pienso que es más sano para el corazón pasar el tiempo bailando. Muchas frases de internet lo dicen: “La vida no es la fiesta que habíamos imaginado, pero ya que estamos aquí, bailemos”, “Un día sin bailar es un día perdido”, etc, etc. ¿Ves? Para mí no hay por dónde perderse. Bailar es demasiado saludable. Libera toxinas, enriquece el alma y, a la larga, te convierte en una persona más feliz.

Ahora, si a la danza le das un poco de erotismo y sensualidad, todo puede convertirse en un arte maravilloso. Siempre quise hacerlo, mi único problema es que ganarse la vida bailando no es tan fácil, o mejor dicho, no era tan fácil. Hasta que recibí un correo electrónico de una chica que estaba por casarse.

“Hola, estoy buscando a un vedetto sin pudor que pueda bailar en mi despedida de soltera”, decía el mail. Lo leí y se me pusieron los ojos llorosos. La felicidad era demasiada. El problema (porque la vida está llena de problemas) es que mi abuela se dio cuenta, o más bien yo fui lo suficientemente atrevido para contarle.

Y claro, las abuelas son de otra época y no entienden que el siglo XXI está lleno de cosas distintas: la gente caza pokemones, los hombres ya no pagan la cuenta en las citas, un lunático de peluca rubia está por gobernar Estados Unidos… Entonces, si todo eso es así, ¿qué razones hay para que yo no sea vedetto en una despedida de soltera?

Mi abuela tuvo una singular respuesta.

httpv://youtu.be/P1sfQq6AbAM

Sobre su cadáver…

Bueno, a ella le parecía que algo así no se me podía pasar por la cabeza… Pasaron algunos minutos en los que di la pelea por perdida. Me sentí mal, sí. Pero cuando me imaginé convertido en un cirujano plástico y aburrido que jugaba Pokemon Go en su tiempo libre, decidí ponerme firme con la decisión…

Nada me detendría.

httpv://youtu.be/IU6BmZc-EyQ

Y bueno, a veces es necesario poner atención a la voz de la experiencia…

Pronto les cuento cómo me va en la despedida.

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