Por Francisco Armanet
30 septiembre, 2016

Pobre Beyoncé…

Tammy tiene 34 años y es una mujer como cualquier otra. Según Buzzfeed, ella ama la música, en especial el pop, y su ídolo de todos los tiempos es Beyonce. Por eso, no dudó en sacar de los ahorros que tenía destinados para comprar un coche cuando se enteró que la musa había agendado un concierto en el estadio de Wembley, Inglaterra. «Tomaré el bus por el resto de mi vida si es necesario», se dijo y pagó con la tarjeta de crédito. Faltaban 3 meses para que la cantante realizara el show  y Tammy los vivió con muchísima ansiedad.

Guardaba su foto bajo la almohada, escuchaba «Single Ladies» antes de dormir, e incluso le pedía a Dios que le diera la oportunidad de conocerla. Tal vez en el backstage o algo así. Sí, Tammy era una verdadera fanática.

Pasaron los 90 días y, cuando finalmente llegó «la noche del recital», Tammy tomó el metro junto a su hijo y esposo hasta el estadio.

-¡Veré a Beyonce en vivo! -Pensaba inmersa en una euforia inigualable. Cerraba los ojos, se imaginaba coreando sus canciones entre el público y sentía que su corazón palpitaba fuerte. De pronto, el metro se detuvo en la estación correspondiente y Tammy bajó junto a su esposo e hijo.

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Caminaron algunas cuadras y cuando llegaron al estadio, se dieron cuenta de que no había mucha gente en la calle. O al menos no toda la gente que debía haber si se trataba de la presentación de una súper estrella de la talla de Beyonce.

Los nervios de Tammy crecieron y comenzó a sospechar que en realidad esto se trataba de un concierto privado para ella y su familia. Se imaginaba ingresando en un salón VIP del estadio y tomando asiento en un sofá de cuero negro mientras la artista bailaba y cantaba sólo para ella. Champagne, sushi, habanos gruesos y todas esas cosas. Entonces, al volver a la realidad, temió que hubiera olvidado las entradas en casa.

-No, aquí las tengo. -Se dijo sintiéndolas claramente en el bolsillo de su pantalón.

De pronto, ya casi llegando a la puerta principal, su esposo dudó demasiado. 

-Tammy, no hay nadie aquí. -Le dijo. ¿Estás segura de que es en Wembley y no en el estadio al otro lado de la ciudad?

-Segurísima. -Contestó ella ante la mirada confundida de su hijo. -Míralas tú mismo, si quieres.

El esposo tomó las entradas y vio que, en efecto, estaban en el lugar correcto. Sin embargo, no corrieron la misma suerte en cuanto al día.

-¡Debes estar bromeando, Tammy! -Dijo su esposo. –¿No ves que el concierto fue ayer?

Lágrimas comenzaron a correr por el rostro de la groupie.

-¿Hablas en serio? ¿Me equivoqué de fecha? -Preguntó.

-Sí, maldición. Esto fue ayer.

Se abrazaron en un llanto desconsolado los tres, padre, madre e hijo, y volvieron a tomar el metro para volver a casa.

Luego, ella publicó lo sucedido en Twitter y nunca más volvió a referirse al asunto.

«Camino a Wembley, me di cuenta que las 3 entradas de Beyonce que compré para esta noche, en realidad eran para ayer».

Tammy, verdaderamente, fue la única mujer del mundo en llegar al esperado concierto de Beyonce… Con un día completo de retraso.

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