Por Diego Cid
9 marzo, 2017

No está bien, no debe seguir así y es tu responsabilidad también.

“A la licuadora, la tula (pene) violadora”. No importa hacia donde mire. Veo gente, veo gente cantando. Pensé que serían mayormente mujeres y sí, así era, pero me sorprendió la cantidad de hombres que caminaban entre ellas. Sacaban fotos, tocaban instrumentos musicales, cargaban pancartas. De inmediato me cuestioné por qué pensé que no habría tanto hombre. Quizás porque, inconscientemente, relacioné la idea de una marcha con motivo del Día Internacional de la Mujer como algo que sólo le atañe a dicho género. Como un reclamo de un grupo específico de personas. Olvidé por completo que es una causa social por la que todos debemos luchar. Sí, debe ser porque soy machista. Debe ser porque me criaron machista y sí, ustedes también lo son.

Intervenciones culturales durante la marcha – Diego Cid/UPSOCL

Quiero dejar algo en claro. No estoy orgulloso de muchas cosas que he hecho como hombre. Tampoco estoy orgulloso de ustedes. Sí repararé en una sola cosa: nuestra intención de cambiar. Sabemos que el machismo es malo, y eso es un gran paso. Sabemos que es una realidad presente que controla la marcha del mundo y la sociedad; otro gran paso. Sin embargo, nos falta el más grande: dejar de ser machistas.

El Metro de Santiago, Chile, está en horario punta. Voy apretado con mucha gente. Colores, nacionalidades, géneros, orientación sexual, etc. Todos en un mismo lugar. Es prácticamente una concentración de la identidad latinoamericana. Sonrío. Seremos distintos en muchos aspectos, pero todos estamos igual de apretados. Actualmente, según el Departamento de Extranjería, más de 400.ooo extranjeros viven en el país, con un 60% establecido en Santiago. A pesar de que sólo representan el 2,3% de la población total, su crecimiento es de un 123% en los últimos 13 años, lo que ha influido notoriamente en la diversidad social y cultural de la nación.

Diego Cid/UPSOCL

Hay una marcha por el Día Internacional de la Mujer y llegué una hora tarde. No importa, saludo a algunas compañeras de trabajo y saco fotos. Empiezo a hacer preguntas. La gente está marchando, sonriendo, pero también están todos tristes. Aburridos. Decepcionados. Hay una pancarta que reza “Las migrantes no nos vamos, aquí nos quedamos”.

Se lo turnan entre distintas agrupaciones, como el Colectivo Ecuatoriano de Mujeres y el Movimiento Acción Migrante (MAM), y lo están acarreando mujeres de Uruguay, Bolivia, Ecuador, Perú y México. Tienen sus propias urgencias, pues además del sexismo, deben lidiar con el racismo y la xenofobia. Consideremos que, según el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el salario de las mujeres alcanza solo el 84% del de los hombres. Súmale a eso la discriminación hacia los extranjeros, y el resultado es el que muchas deben soportar a diario, a veces sin garantías y con empleos irregulares sujetos a explotación.

Agrupaciones de diversas áreas participaron – Diego Cid/UPSOCL

No es algo fácil. Conscientemente podemos dejar de utilizar el humor sexista. Conscientemente podemos dejar de tratar a la mujer como objeto.

Conscientemente podemos, sí, podemos perfectamente no voltear cada vez que vemos a una chica bonita pasar a nuestro lado y, conscientemente, podemos callar y no decir un piropo que ella no espera oír. Conscientemente.

Intervención frente al Palacio de Gobierno – Diego Cid/UPSOCL

Esto no quiere decir que el machismo ya no esté dentro de nosotros. Un hombre ofreciendo el asiento a una mujer sólo porque es mujer. Una madre diciendo a un niño que la cocina no es lugar para él. “Es que él es hombre”, “no es bonita una mujer que beba o fume”, “aprende a ser caballero, abre su puerta”, “dale un chocolate en su día, pues es una princesa”.

Quizás pienses que algunas de estas frases no son fatales, pero si las repites en tu cabeza lo suficiente, puede que una pincelada moral te ayude a darte cuenta de la gravedad del asunto: estamos perpetuando estereotipos de género y viendo a la mujer como si estuviera por debajo del hombre. Un ser inferior que merece ser asistido, pues es incapaz de hacer lo mismo que tú. De acuerdo a datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) son mujeres solo el 24% de las personas entrevistadas, escuchadas, vistas o sobre las que se escribe en los medios de comunicación. Además, el 46% de las noticias fomentan el establecimiento de estereotipos de género, mientras solo un 6% tocan el tema de la desigualdad.

Incluso clubes deportivos se hicieron presentes – Diego Cid/UPSOCL

Yo mismo lo he hecho. Ex novias, madre, hermana, tías. Más de una vez les expliqué las cosas con peras y manzanas, pues pensé que el ser hombre me daba esa autoridad. Más de una vez usé malas palabras hacia el otro género. Palabras que ahora no diría, que me avergüenza admitir salieron de mi boca y se escribieron con mis manos. Todos lo hemos hecho alguna vez. Lo bueno del ser humano es que podemos darnos cuenta de nuestros errores, y la moral puede impulsarnos a corregir esto. Encontrar una causa, seguirla.

Es hasta irónico, porque a veces incluso se siente como que el sólo hecho de escribir sobre el tema es tomarse atribuciones que a uno no le pertenecen. Como cuando una mayoría de hombres discute en un Senado la legalización de algo tan delicado como el aborto. Hombres decidiendo sobre el cuerpo de las mujeres. Una broma de pésimo gusto. Amnistía Internacional está intentando impulsar la discusión y la legalización del aborto. Sí, es un tema lleno de grises, pero el aborto en tres causales (que en Chile aún no existe) es una idea sensata. En este mismo momento, en todo el mundo -incluso donde no es legal- hay mujeres en clínicas clandestinas realizándose uno. Están arriesgando sus vidas, pues según la OMS, un 95% de los abortos realizados en América Latina son inseguros.

“El Estado no defiende a sus mujeres, no defiende a sus niñas. En eso estamos trabajando fuertemente, en la despenalización del aborto”.

Roberto Morales, Presidente Junta Directiva Amnistía Internacional.

“En Chile, a pesar de que tienen una Presidenta, cosa que no va a pasar en México en los próximos años, el aborto no es ni gratuito ni de libre acceso, está penado. Lo entrampado de América Latina es que el Estado te da con una mano y te quita con la otra”.

Lisa Niño, 33 años, México, 4 años en Chile, Movimiento Acción Migrante.

Los mensajes son claros – Diego Cid/UPSOCL

Me percaté de otro detalle. La presencia de las fuerzas policiales. En este caso compuesta de, en su mayoría, mujeres. Mujeres que sonreían. Mujeres que se encontraban en servicio, pero que marchaban como escolta.

La situación es transversal. La voz tiene que escucharse. Las cosas tienen que cambiar. Todos los que estaban ahí parecían entender. El punto es buscar la forma en que los demás entiendan.

Uniformadas de Carabineros de Chile – Diego Cid/UPSOCL

Debemos partir por la educación, por esa crianza machista que reciben niños y niñas desde pequeños. Ésta es una de las áreas que está explorando el Observatorio Contra el Acoso Callejero. Nació en Chile como una página de Facebook que busca hacer visible el acoso callejero como una forma de violencia de género. Ahora tienen presencia en Uruguay, Guatemala, Bolivia, Costa Rica y Nicaragua.

“Estamos llevando a cabo talleres en colegios, principalmente enseñanza media. Los talleres de género buscan abordar convivencia saludable entre niños y niñas. Nuestra generación fue criada con una educación machista, pero la idea es que la nueva generación pueda desarrollarse de una manera mucho más amigable, que niños y niñas puedan expresar sus emociones abiertamente, ser capaces de vestir como quieran y tratarse entre todos con respeto”.

Natalia Muñoz, Directora Área Internacional Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile.

“Estamos con nuestras compañeras marchando porque queremos derribar la desigualdad que existe entre los estudiantes. El patriarcado está en los profesores, incluso hay denuncias contra acoso sexual. Somos nosotras las que tenemos que apoyarnos. Soy mamá, la desigualdad la veo desde siempre. Fui madre muy joven y he sufrido discriminación. Siempre está el prejuicio que incluso, por ser activista, me han cuestionado mi rol de madre”.

Karen Viviani, 20 años, Universidad de Valparaíso Campus Santiago.

Agrupación de estudiantes – Diego Cid/UPSOCL

Es por eso que debemos concentrar nuestros esfuerzos en abandonar la educación machista. Es verdad, hemos estado sujetos a ella por años. Pero sabemos ser mejores.

Ni mujeres ni hombres deberíamos tener términos como “feminazi” en nuestro vocabulario. No deberíamos colaborar en perpetuar los estereotipos de género. Esa noche, durante la marcha, no sólo marchaban mujeres, sino también muchas minorías que buscan igualdad y equidad.

“A la licuadora, la tula violadora” volví a escuchar. No importa hacia dónde mire, veo gente cantando. Me sorprendió la diversidad de grupos presentes. Colores, religiones, géneros, partidos. Sacaban fotos, hacían música, mostraban sus pancartas. De inmediato pensé en el buen día en que no se necesite marchar. Inconscientemente, relacioné la idea de una marcha con motivo del Día Internacional de la Mujer como algo que nos incumbe a todos. Como una representación del combate hacia toda la desigualdad y abuso. Debe ser porque estamos combatiendo la educación machista, y ustedes también deben estar haciéndolo.

Fuegos artificiales – Diego Cid/UPSOCL

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