Por Ghalia Naim
17 octubre, 2016

“Puse todo lo que tenía aunque no sabía si lo lograría, pero lo hice.”

Los festivales europeos son el sueño de muchos jóvenes alrededor del mundo. Todos quieren asistir al menos una vez en la vida para disfrutar de sus artistas favoritos, bailar hasta el amanecer y sentir la euforia de la juventud durante un par de días, pero nunca se estima la posibilidad de que algo pueda salir mal. En todos estos grandes conciertos las drogas son las invitadas especiales y cualquier cosa puede pasar. Wendy Teasdill es una madre que sabe más de lo que quisiera sobre ese tema, su hija fue a uno de los festivales más famosos y jamás regresó a casa.

Cuenta Teasdill que Ellie jamás fue fanática de las drogas pero sí probó varias. Ese terrible día usó ketamina por tercera vez y solo necesitó una dosis pasada de gramos para perder la vida.

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Estaba cerca del escenario con varios amigos disfrutando del show cuando decidieron ingerir la droga mezclada con alcohol.

Entre la euforia del momento, el ruido y la gente, costó notar que Ellie estaba teniendo una sobredosis y no fue hasta que cayó al suelo desmayada que sus amigos trataron de ayudarla. Varias personas intentaron salvarla con técnicas de primeros auxilios mientras llegaba una ambulancia, pero ninguno tuvo éxito.

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Wendy Teasdill se toma una fotografía en el mismo sitio donde se lleva a cabo el “Boomtown Fair” en Hampshire. Está vestida de negro y sostiene una foto en memoria de su hija Ellie, que falleció en ese lugar hace tres años durante el festival.

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Wendy dice que desde entonces su vida no fue igual, se fue a dormir y cuando despertó supo que jamás volvería a ver a su niña, por eso ha tratado de dedicarle todo su tiempo a las charlas sociales para tomar conciencia sobre el uso de las drogas y otros temas de interés como la discriminación y el abuso sexual. Para ella, dar la charla en Boomtown (el lugar de la tragedia), era una misión imposible debido al miedo que sentía respecto al sitio, pero después de muchos rodeos aceptó hacerla. “Puse todo lo que tenía aunque no sabía si lo lograría, pero lo hice”.

“Una niña se me acercó al terminar y me comentó que estaba pensado usar ketamina en el festival, pero después de escuchar mi historia había cambiado de opinión”, señaló Wendy.

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La organización de los festivales toma fuertes medidas para controlar el flujo de drogas durante estos eventos, pero es bien sabido que no hay mucho que hacer al respecto. La mayoría de las personas que asiste va a “eso”; a experimentar alguna sustancia acompañada de la euforia que produce la música al aire libre.

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Los festivales y conciertos son increíbles, pero toda diversión debería tener un límite, ¿cierto?

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