Por Raúl Cobo
26 octubre, 2016

Han pasado 15 años y no puedo dejar de pensarlo.

Fue hace 15 años, yo tenía 13; él creo que también. Iba camino al terminal de buses, con un saco de dormir y una vieja y grande mochila heredada de mis abuelos. Tenía algo de dinero, no mucho, en el bolsillo y era mi primera vez viajando en bus solo; me sentía infinitamente grande. Era de madrugada, 5:00 AM, no recuerdo bien, y yo acababa de bajarme de la estación de metro y me disponía a caminar hacia el terminal. En eso, este muchacho me intercepta y de forma violenta pone una pistola sobre mí. Era el fin de todo, yo nunca más me volví a sentir seguro por las calles de mi ciudad.

Ya han pasado muchos años de aquello, y hoy, con la sabia distancia del tiempo como aliado, me dispongo a escribirle una carta a quien alguna vez me asaltó, y a quién probablemente me siga asaltando.

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Aquí estoy yo a mis 13 años / Raúl Cobo

«El día que me asaltaste quería matarte, cortarte las manos si fuera posible. No sólo me habías robado, sino que pusiste una pistola sobre mi cabeza y me hiciste sentir más débil. Teníamos la misma edad, pero tú claramente te veías más viejo, con ese rostro que solo tienen los que comienzan a morir desde pequeños.

Para mí eras solo uno más de todos esos muchos que no sirven, que solo están acá por estadísticas. De esos muchos que cuando mueren se convierten en solo un número menos. 

Pensé en matarte ese día, pero sí lo hacía, yo también tendría que haber muerto.

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Estación del metro Usach, a pasos del terminal de buses de Santiago / Diario La Cuarta

Tú no eras diferente a mi; tú robabas, yo también lo hacía: le robaba a mis padres, a mis compañeros y de vez en cuando a los supermercados. No lo hacía por necesidad, solo lo hacía por algo llamado adolescencia. 

Seguramente no pensabas en volver a tomar un cuaderno, yo estaba en las mismas, y a punto de ser expulsado de un colegio. Quizás, nuestra única gran diferencia es que tú por no ir a clases corrías el riesgo de convertirte automáticamente en un marginal, yo si no lo hacía, tenía la excusa de tener deficit atencional. 

Han pasado 15 años desde que me asaltaste, desde que te llevaste mi mochila, mi celular y lo poco que tenía de dinero. Han pasado 15 años desde que ambos dejamos de ser niños.

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Terminal de buses de Santiago / diario La Cuarta

Hay días en los que me pregunto que fue de ti… ¿Caíste preso?, ¿saliste libre?, ¿volviste a caer? 

Otros días en cambio, solo me pregunto lo que hubiese sido de mí.

En lo que hubiese pasado si yo a los 15, en vez de recibir unos libros y una croquera para ponerme a escribir, me hubieran dado solo una pistola y un buen motivo para disparar. ¿Qué hubiese pasado si en vez de la marihuana que me podía conseguir, solo tuviera a mano esos restos de coca, ácido y pegamento que los traficantes y la gente del mercado negro ofrecen como sueldo? ¿A qué me hubiera dedicado si en vez de plazas verdes o buenas playas dónde ir, solo tuviera un patio de cemento sin arcos pero con muchos carteles publicitarios impulsándote a consumir?

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«Si todo eso hubiera pasado, seguramente, yo hoy te hubiese asaltado a ti».

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