Por César Ruiz
30 mayo, 2016

“No entiendo que un juez pueda autorizar a un padre a ignorar a su hijo. Me parece aberrante”.

Martín tiene 6 años y vive con autismo. Una de sus obsesiones es jalar todo lo que toca, por lo que su casa está completamente protegida de él. Su madre, Sofía, está cansada y arrastra unas ojeras profundas, su hermano de 12 años tiene 36% de minusvalía y su padre que dejó de hacerse responsable desde hace un año, ganó un juicio para seguir desentendiéndose del niño.

Esta familia de Madrid, España, en especial la mamá, pasa por tiempos complicados. Por eso ella fue a juicio para obligar al papá a asumir sus funciones, sin embargo, el juez indicó que “no pueden imponerse al padre estancias no pedidas por él mismo”. Además, el régimen de visitas establecido implica que el menor no pasará jamás una sola noche con su progenitor. Sofía no tendrá ni una noche para ella.

Según el fallo del juzgado, el papá verá a su hijo sólo dos fines de semana al mes, sin que el niño duerma en su casa. A eso se le agrega que los traslados son especialmente complicados para Martín: se tira al suelo, se resiste con todas sus fuerzas. Los informes del psiquiatra dicen lo siguiente:

“En el traslado a casa, a pesar de la proximidad de la misma al centro escolar y de que se lleva a cabo un acompañamiento por parte de la integradora social, sigue presentando una fuerte oposición y conductas disruptivas y dos personas no son suficientes para controlar la situación”.

Lo conveniente no será que su mamá vaya a dejarlo con el papá, sino que él pase por el niño y lo devuelva hasta la puerta de su hogar.

A Martín le detectaron autismo a los dos años, cuando de pronto dejó de hablar. “Ni siquiera reaccionaba al sonido del timbre”, dice su madre. Pensaron que eran problemas de audición pero no. Hoy, su madre se comunica con él mediante pictogramas, dibujos a través de los cuales le indica que es hora de merendar, de vestirse, de ducharse…

“Su padre nunca aceptó que tuviera autismo. Estuvo mucho tiempo convencido de que lo que tenía Martín era un problema de sordera y que se recuperaría”.

-Sofía-

Sergio González Valero / El Mundo
Sergio González Valero / El Mundo

Y cuando el papá se quedó sin trabajo fue cuando el ambiente se deterioró más, hasta que en agosto de 2014 corrió de la casa a Sofía y a los dos niños, pues el departamento era de él.

La mujer no se opuso ni se atrincheró pues supondría un infierno. Pactaron que el padre le diera dinero mensualmente como manutención para Martín, -quien es su hijo biológico- y que vería al niño todo un fin de semana cada 15 días, pero poco a poco comenzó a desentenderse.

“Decía que no podía venir a por Martín el viernes, que mejor lo recogía el sábado. Que en vez de devolvérmelo el lunes por la mañana me lo entregaría el domingo por la noche. Dejó también de acompañarme con su coche a las visitas médicas de Martín: prefería pagar un taxi que venir él. Emocionalmente cada vez se alejaba más de su hijo. Hasta que se alejó del todo”.

-Sofía-

Por eso es que la mamá decidió ir a juicio, pero no pensó que el juez apoyaría al papá.

“No entiendo que un juez pueda autorizar a un padre a ignorar a su hijo. Me parece aberrante”, dice Sofía.

En su recurso de apelación, la mujer dice que el “régimen de visitas determinado para el padre de Martín es irrisorio, toda vez que no establece una sola pernocta al año del hijo con su padre. El menor no disfrutará de la compañía de su padre nunca más allá de nueve horas seguidas (en las que incluimos los traslados entre domicilios) y esto, tan sólo cuatro veces al mes en un total de 11 meses al año”.

Las instrucciones que debe seguir Martín / Sergio González Valero / El Mundo
Las instrucciones que debe seguir Martín / Sergio González Valero / El Mundo

Y agrega que “no sólo no atiende al bienestar, interés y beneficio del menor sino que lo único que ampara es el interés, más bien el desinterés, del padre”.

El diario español El Mundo se contactó con el padre -que permanece anónimo- pero indicó que “no tengo nada que decir”.

Y el problema no se queda ahí, el hermano mayor Lucas requiere pasar más tiempo con su madre, según los psicólogos. Además Sofía ya “presenta sintomatología de ansiedad con insomnio, en probable relación a sobrecargas familiares”.

Y la situación económica también es delicada, Sofía está desempleada desde enero y el trabajo que tiene que encontrar debe ser de media jornada. Ahora, ella y sus hijos viven con menos de 700 euros gracias a varias ayudas sociales, aunque tan solo el alquiler del departamento de 50 metros cuesta 550 euros. “Comemos de los alimentos que Cruz Roja y Cáritas nos entregan”, asegura la madre.

Y el padre totalmente despreocupado por su familia, aunque no sé si a él se le pueda llamar así.

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