Por Elvira Vergara
5 agosto, 2016

Los milagros sí existen.

Cuando el pequeño Kyle cumplía 5 años, su madre Lori y abuela Cindy lo llevaron al parque de diversiones junto a sus dos hermanas Emma y Katie (4 y 2 años de edad). Pasaron una tarde espléndida jugando, pero se hacía tarde y era hora de volver a casa. Camino al hogar, en un momento de tráfico, Lori mira hacia atrás y observa como sus hijos duermen. Con ternura le hace cosquillas a su hija menor en el pie.

Esta será la última vez que Lori verá sonreír a su hija.

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Unos minutos más tarde, un camión impacta la parte trasera del auto, lugar donde se encontraban sentados los tres niños. Rápidamente son trasladados al hospital. Cuando Chris, el padre, recibe la llamada, se dirige apresuradamente al hospital. Llega demasiado tarde: sus dos hijas  pequeñas están muertas. Los padres mantienen las esperanzas en Kyle, pero está tan herido que son pocas las posibilidades de que sobreviva.

Deben apagar la máquina de soporte vital. Chris se sienta, junto con su esposa, en la cama de su hijo, hasta que este respira por última vez: “Sostuve mi mano sobre su pecho hasta que su corazón dejó de latir, entonces él se había ido”, dice Chris. La perdida sólo se hace evidente cuando ven por última vez los cuerpos de Kyle, Katie y Emma antes del funeral. Ponen a sus tres hijos en pequeños ataúdes.

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El dolor se hace insoportable. Lori y Chris viven en un barrio con muchos niños, y cada vez que oyen sus alegres risas, cierran las ventanas y se dirigen a la parte de atrás de su casa. Para Halloween, deben salir de la ciudad para  evitar ver a todos los niños que se acercarán a pedir dulces a su casa. Se encuentran destruidos.

Pero los padres hacen un pacto: no van a quitarse la vida. Hay momentos en que se encuentran tentados con la idea porque piensan que volverán a estar con sus hijos si lo hacen, “pero prometimos nunca dejarnos el uno al otro”  dice Chris. Incluso, deciden ir por mucho más: 3 meses después del accidente se dan cuenta de que quieren volver a tener hijos, que no querían seguir viviendo de esa manera por más tiempo. Es así como llevan a cabo una fecundación artificial.

¿El mágico resultado?

Dos niñas y un niño… De inmediato se dieron cuenta de que era una señal. Casi un año más tarde, después de haber perdido a Kyle, Emma y Katie, Lori dio a luz a sus trillizos: Ashley, Elie y Jake. “Ellos nunca reemplazarán a Kyle, Emma y Katie” dice Lori, pero “nuevamente hay alegría en nuestro hogar, en nuestros corazones; llenan con amor, felicidad y risa nuestras vidas de nuevo”. Los trillizos saben que antes de nacer tenían 3 hermanos. Sus fotografías cuelgan por toda la casa, y sus padres les hablan de ellos a menudo. La familia se mantiene unida para que Kyle, Emma y Katie nunca sean olvidados.

Esta trágica historia te reduce hasta las lágrimas. Las heridas que estos padres llevan en su corazón, nunca sanarán completamente. Pero gracias al nacimiento de los trillizos sus vidas vuelven a tomar sentido, y así, nos hace pensar que los milagros sí que existen.

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