Por Ignacio Mardones
30 octubre, 2015

“No me importa. ¿Qué voy a hacer?, ¿dónde voy a ir? Estoy por mi cuenta”.

Algunos ancianos tienen una vida muy dura. Sus familias los han abandonado y se hospedan en hogares y asilos que les parecen ajenos. Muchos sólo viven de recuerdos, así mantienen algo de alegría. También están los que permanecen en sus casas; sin nadie que los visite, sin ninguna entretención ni actividad para realizar, sólo esperando que el tiempo pase y que cualquier cosa suceda, por ejemplo, la muerte. Mary Tony tiene 98 años, su familia está demasiado ocupada para acompañarla. Ella gasta su tiempo botando el correo no deseado a la basura y yendo cada cierto tiempo a un centro de ancianos. Esta es su historia:

Así como Mary hay muchas mujeres que se encuentran solas y necesitan de compañía…

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