Por Alvaro Valenzuela
17 junio, 2016

«Los militares no servimos solos, por lo tanto, no debemos morir solos».

El día que la mayor del ejército estadounidense Jaspen Boothe se enteró que apenas cuatro personas irían al funeral de Serina Vine, una veterana de la Segunda Guerra Mundial que murió con 91 años, no sólo decidió asistir a la ceremonia sino que se movió para que la mujer reciba los honores que merecía. Ella había sido invitada a la ceremonia de entierro por un ex colega que trabaja en el cementerio y le pareció que tenía que hacer algo por Vine.

Boothe, de 38 años, maneja una organización llamada Final Salute (Saludo Final) que ayuda a las veteranas del ejército estadounidense y que han quedado sin hogar, por eso no sólo aceptó la invitación con gusto sino que además corrió la voz sobre el evento en todos los grupos de veteranos que conocía.

«Los militares no servimos solos, por lo tanto, no debemos morir solos», dijo la mujer en ese momento.

Y su preocupación tuvo una gran acogida de las personas, mucho mayor de la que esperaba Boothe.

«Estaba pensando que con mis esfuerzos haría que tal vez 20 a 30 personas se presentaran, pero cuando llegué, había cientos de coches alineados en la entrada», dijo la mujer a TODAY.

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Catherine Rae Photography

Poco se sabía de Serina Vine salvo del hecho que sirvió en la Marina de EE.UU. desde 1944 a 1946 y fue encontrada, aparentemente mostrando signos de demencia, durmiendo en las calles de Washington D.C. en 1995. De ahí en adelante vivió en un centro de acogida para veteranos donde murió a los 91 años.

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Catherine Rae Photography

Los encargados del entierro hicieron investigaron la vida de Vine y descubrieron que se había graduado de la Universidad de California, Berkeley, en 1954. Quienes cuidaban de ella en el centro de acogida también señalaron que hablaba tres lenguas, amaba bailar e iba a misa todos los domingos.

Boothe se sintió muy identificada con la historia de esta mujer pues ella estuvo a punto de ser enviada a Irak hasta que el Huracán Katrina en 2005 la dejó sin hogar a ella y a su hijo de 9 años. Sólo un mes después se le diagnosticó un cáncer en sus glándulas salivales. Esto la hizo retirarse anticipadamente del ejército. Actualmente sirve en las oficinas de la Reserva del Ejército además de dirigir su fundación.

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Catherine Rae Photography

«Cuando fui a hablar, me referí a mí misma como una hermana de Serina no porque hayamos sido criados por los mismos padres, sino porque en un punto, las dos levantamos la mano y aceptamos servir a nuestra nación… Ella pudo no haber tenido familia ni amigos, pero nosotros estuvimos juntos, de pie, solidarizando como su familia».

Las más de 200 personas que llegaron al servicio fúnebre despidieron a la mujer entre lágrimas pues como dijo Boothe a ellos nos los separa ningún credo, sexo o raza pues están unidos. La persona que costeó todos los gastos del funeral, Katie Bryan, dijo que harán el intento de buscar a su familia para entregarles la bandera y si no la encuentran donaran la bandera a un memorial.

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Catherine Rae Photography

«Fue un acto final de respeto por ella. Yo no la conocía, pero me importa ella y su servicio», dijo Boothe.

 

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