Por Vicente Quijada
31 mayo, 2018

En plena celebración de Navidad de 1937, Chelsea y Charlton jugaban en Stamford Bridge a pesar de la complicada situación climático. El portero de la visita, el mítico Sam Bartram, era quien más sufría por ello, debiendo esforzarse para ver fuera de su área. Sin embargo, pasó lo inevitable.

En Inglaterra, donde nació el fútbol, se jugaba hasta en Navidad. Al menos hasta 1957, cuando dichos encuentros se trasladaron al tradicional “boxing day” que tanto disfrutamos cada año. Fue en uno de esos encuentros navideños, pero en 1937, que el histórico arquero del Charlton, Sam Bartram, vivió en carne propia uno de los episodios más desopilantes de la historia del balompié inglés.

Aquel día, una espesa niebla se apoderó de la isla británica, y muchos encuentros debieron ser suspendidos debido a su escasa visibilidad. El duelo entre el Charlton y el Chelsea, en cambio, se jugó igual en Stamford Bridge.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo.

En un principio no fue tanto problema, con un primer tiempo que se desarrolló con cierta normalidad y que terminó 1-1. Sin embargo, dicha situación se fue acabando conforme avanzaba la neblina, la cual fue tomándose cada rincón de la cancha. El encuentro ya era intermitente, con el árbitro suspendiendo y reanudando según se lo permitiera el clima.

El mítico portero, quien jugó 22 años de titular en el elenco del sudeste de Londres y alzó una FA Cup, no veía absolutamente nada más allá de su área. Los centrales se escondían cada tanto, cuando avanzaban más allá de la línea de cal que los separaba, y ni hablar de las tribunas y el resto del estadio: todo era neblina para el guardameta. 

Reg Sayers

Sin embargo, hubo un instante de incertidumbre que duró demasiado. “Los chicos deben estar dándoles una paliza a estos muchachos”, pensó el cancerbero, según relata en su autobiografía. “Cada vez veía menos y menos a los jugadores. Estaba seguro de que dominábamos el partido pero me parecía obvio que no habíamos hecho un gol, porque mis compañeros hubieran vuelto a sus posiciones de defensa y yo habría visto a alguno de ellos. Tampoco se escucharon gritos de festejo”, cuenta en dicha publicación.

“Trataba de calentar trotando en el lugar y en un par de ocasiones me acerqué al borde del área grande para ver si podía espiar algo de lo que estaba pasando más allá de la mitad de la cancha”, explica, asumiendo que no podía arriesgarse a salir mucho y poner en peligro su arco. Pero no. No había nadie. 

¿Qué estás hacienda acá todavía?”, escuchó que le decía una figura que se le acercaba. No era un jugador, era un policía. “¡Pararon el partido hace como quince minutos! ¡El estadio está completamente vacío!”, le explicó el uniformado, ante la obvia sorpresa del portero del Charlton.

David Bauckham

Ya en los vestuarios, Bartram se encontró con sus compañeros, riéndose a carcajadas. No le avisaron que el encuentro se había acabado, para ver cuánto tiempo tardaba en descubrir qué había pasado. “Feliz Navidad” le dijeron después, suponemos.

Bartram se retiró en el Charlton, en 1956, como una leyenda del club, al punto de que tiene una estatua en las afueras de “The Valley”, el estadio de los londinenses. Se la merece, al menos por la paciencia. 

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