Por Vicente Quijada
24 mayo, 2018

Tuvieron que pasar 8 años desde aquel partido en Johannesburgo para que saliera a la luz un pequeño, pero trascendental detalle. Tras el tanto del ex Barcelona, que a la postre significó el título mundialista, un jugador de la “Furia Roja” realizó una acción digna de barrio para mantener la ventaja. ¿Héroe?

Quedan sólo 4 minutos para que la prórroga se acabe y los finalistas encaren los temidos penales. Holanda, con uno menos por la expulsión de Heitinga, tuvo en los pies de Robben una opción inmejorable que Casillas evitó y los nervios empiezan a apoderarse de los campeones de Europa. Un fallido pase de Torres es atrapado por Cesc, quien cede a un Iniesta entrando al área. El manchego recibe, deja que el balón de un bote y saca un disparo inatajable para Stekelenburg. 

La posterior celebración en la esquina, con la camiseta en homenaje a Dani Jarque, cierra una secuencia de imágenes grabadas a fuego en la memoria de los fanáticos españoles. Una serie de instantes que terminó con la sequía hispana y les entregó su primera Copa del Mundo. Sin embargo, hay un pequeño -pero relevante- detalle que no había sido revelado hasta hoy. 

En el marco de una propaganda de Pelayo, auspiciador de la “Furia Roja” hace 10 años ya, se mostró un registro inédito, con vista cenital, de aquel frenético momento. En el se puede apreciar a los jugadores españoles, tanto titulares como suplentes, celebrando en una esquina de la cancha, mientras la “Naranja Mecánica” se reagrupa en busca del empate.

Todos menos dos futbolistas: Casillas, aguantándose de celebrar con el resto y vigilando siempre su portería, y Carlos Marchena, central suplente ese día. El zaguero de las filas del Valencia en ese entonces, no corrió junto al resto de sus compañeros a la esquina e hizo algo que el consideró más importante: quedarse en el centro del campo para asegurarse que los holandeses no sacaran hasta que sus compañeros hubieran vuelto. 

“Pensaba en que no sacaran. Se me vinieron a la cabeza imágenes de cuando era pequeño. Yo de aquí no me muevo, me decía. Estaban los holandeses, el árbitro y yo. No salgo en ninguna celebración, pero lo que yo pensaba era en que no sacarán”, explica el central 8 años después. En estricto rigor, el rival puede sacar siempre y cuando no haya ningún jugador del contrario en su campo o estén todos fuera de él. Nadie lo hace mientras el otro celebra, pero nunca se sabe y con Marchena, un suplente, dentro de la cancha, Holanda no podía partir.

Carlos Marchena

“Era un sí pero no, que habíamos marcado, que estaba cerca, pero que todavía no éramos campeones”, exclama, reviviendo las emociones de aquel 11 de julio. “Fue una reacción que no me esperaba ni yo. Vino por haber jugado mucho en la calle, sin árbitro, sin reglas, de pelearme. Va en mi ADN”, cuenta el zaguero, quien no recibió instrucciones si no que simplemente actúo según lo que le gritó el instinto. Es más, ni siquiera recuerda qué le dijo Del Bosque, el estratega hispano, cuando regresó al banquillo. 

EFE

“Era la típica que te hacían y te metían. Lo que se me pasó por la cabeza fue que no podía ser que después de tantos años para ser campeones del mundo nos fueran a hacer eso”, argumenta Marchena, retirado en 2016 y hoy segundo entrenador del Sevilla. Y no, aquella vez no les hicieron “eso”, los escasos minutos corrieron, llegó el pitazo y España alzó una Copa del Mundo que siempre le fue esquiva.

Carlos, quien sólo jugó 8 minutos en todo el torneo, también la levantó.

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