Por Vicente Quijada
7 junio, 2018

Si bien Modric y Kroos son baluartes del mediocampo merengue, es difícil sentirlo completo sin el todocampista Casemiro. El brasileño, de sacrificada niñez, no siempre estuvo en la élite mundial y algunas cosas, por simples que fueran, no estaban a su alcance. Quien antes no tenía donde dormir, hoy tiene su revancha.

Se podría decir, sin ánimo a equivocarse, que en general, los grandes futbolistas vienen de condiciones adversas, tal como si ese escenario más complejo los curtiera de manera distinta, empujados por el instinto de supervivencia. Casemiro, ese pulmón incansable que se come la cancha cada vez que se viste de merengue, es uno de ellos. Nacido en 1992 en Sao Jose dos Campos, en Sao Paulo, tuvo que remar desde pequeño sólo con su madre y hermana, ante un padre que los dejó cuando tenía 3 años.

Ante su precaria situación económica, el jugador vivió emigrando constantemente con su familia, de casa en casa, desde la de “la tía” para donde “la abuela”. “Allí, teníamos que entrar todos en la misma habitación y en el mismo baño”, relató el brasileño en conversación con la TV local. No era fácil, y no había espacio para lujos tampoco. Algunos, tan simples como un batido.

MARCA

“Mi madre tenía que trabajar y nos dejaba solos a mis hermanos y a mí. Nos dejaba la comida hecha y yo llegaba a casa del colegio y la calentaba para todos. Era el mayor y tenía que cuidar de mis hermanos hasta que ella volvía por la noche”, cuenta el reciente campeón de Champions con el Real Madrid.

 “Y siempre que volvía a las 5 de la tarde, pasaba por la puerta de mi casa la señora con el carrito que vendía el yogur bebible Yakult”, cuenta emocionado. En una ocasión, entrevistado por el canal del Real Madrid, Casemiro se quebró hasta las lágrimas al ver una de estas botellas, por lo que significaba para él durante su paso al profesionalismo.

 

Yakult

“Como no teníamos dinero para comprar ni uno, mi madre me decía: ‘Vamos adentro que se hace tarde y no quiero que estés en la calle’, relata el jugador merengue. “Cuando cobré mis primeros sueldos en el São Paulo FC llevaba a mi madre al supermercado y comprábamos una caja especial que traía 80 botellas de Yakult”, explica, mostrando cuáles eran las prioridades del futbolista: su familia. Es más, al firmar ese primer contrato, le dijo a su madre Magda que nunca más tendría que trabajar. Así fue, para alivio de la mujer, aquejada por un dolor en las muñecas.

Soccrates Images

“Entonces ahora, cuando voy a Brasil, que allá es más fácil de comprar, en casa bebo todo el día de eso”, confiesa Casemiro aún emocionado, con la botella de Yakult en la mano. “Bebo más de 50 todos los días. No es bueno, pero bebo mucho porque es una cosa que me encantaba y no podía beber”. Hoy, no sólo ha ganado 4 Orejonas con los españoles, siendo fundamental para el engranaje merengue, si no que también está ad portas de disputar su primera Copa del Mundo con el “Scratch”.

Si algo sobrarán, serán batidos. 

Puede interesarte